Da las gracias a quien abrazas

Hace poco un desconocido en una situación peculiar me dijo una frase inesperada:

“Da las gracias a quien abrazas”

Y desde entonces no puedo quitármela de la cabeza.

En tan pocas palabras se destila tanta sabiduría que no puedo evitar hacer un sincero y emotivo homenaje a la frase.

Ser agradecidos es lo más hermoso que podemos hacer por nosotros mismos y por los demás. Nada más bonito que agradecer a quienes nos acompañan en nuestras vidas y nos apoyan en las insoldables batallas que libramos.

No puedo imaginar qué hubiera sido de mí sin las personas que me han escuchado cuando he necesitado hablar, me han protegido en mis momentos más vulnerables, me han estimulado en mis proyectos más personales, me han defendido en las situaciones más difíciles, han perdonado en mis errores y  me han querido por encima de mis defectos, valorando mis virtudes y amando cada recoveco de mi corazón.

No puedo imaginar ser yo sin mi historia y quienes la han vivido a mi lado, a pesar de que las circunstancias en ocasiones nos aleja (o nos obliga a alejarnos) de las personas que estimamos.

Soy más de abrazos que de besos.

Y mis palabras son un reflejo de la caricia que acompaña a cada uno de mis gestos. Esos gestos que, en mi utópica defensa del amor por encima del dolor y del olvido, procuro regalar cada día a las personas que conforman mi vida y que me acompañan cuando me asomo a los abismos del miedo, y me dan la mano con fuerza y cariño al llegar al precipicio. Si nunca caigo es por ellos.

Agradecida hago de las palabras no esperadas y tan bien recibidas mi caballo de batalla:

DA LAS GRACIAS A QUIEN ABRAZAS.

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Qué guapa estás desde que vuelas alto

¡Qué guapa te ves desde que vuelas alto!

Desde que no conoces límites

y la imaginación es tu único horizonte.

¡Qué hermosura la de tu conciencia!

Límpida y cristalina como la nieve,

tranquila y sosegada como un atardecer.

¡Qué bonita te ves desde que te has desencadenado!

Has roto tus ataduras con el dolor y el pasado

has dejado marchar a las personas que te hacían daño.

¡Qué belleza la tuya, aleteando alegre y risueña!

Vuela, preciosa mariposa.

Vuela donde te lleven tus alas y tus quimeras.

 

 

Traición

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Entre las rocas, varado, me hallo.

Sin esperanza alguna que no sea la de olvidar tus encantos.

¡Pensar que algún día estuve de ti enamorado!

Cuan hermosa es la adoración de quien nos parece todo ternura,

y qué triste la decepción de saber de tus engaños.

¡Recordar que dijiste que me amabas!

Cuánto dolor desgarrado en mi costado

por tus puñaladas viles y egoístas

que no responden más que a tu ambición desmedida.

Dices que era amor cuando tan sólo fui un capricho,

un juguete entre tus manos traidoras y tu alma vacía.

Verte marchar tras haberte dado la mano en los tropiezos del camino,

tras haberte abrazado y cuidado en las peores lides sobrevenidas.

Verte marchar porque has decidido empezar una guerra

en la que dices ser víctima y no eres más que verdugo

sin que mis palabras y mis actos tengan transcendencia alguna.

Me siento triste y desangelado ante tan aciago destino:

el de aceptar que no me amaste,

pues quien ama no daña a la persona amada

por ganar trofeos que al corazón no engañan.

Aquí permanezco, entre el cielo y la arena,

hasta que el tiempo consuma el poco amor que por ti me queda…

Fotografía y poema de Sara de Miguel

Te engaño

Te engaño.

Para qué negarlo por más tiempo

si me notas en la mirada

lo que ocultan mis palabras.

Te engaño cada día:

cuando te observo

y tu belleza me embarga

pero no lo menciona mi habla.

Te engaño

cuando te admiro por tus obras,

por tus logros y tu constancia,

y no salen los vocablos de mi garganta.

Te engaño

cuando quisiera adornar tus labios

con un tierno ósculo

y de mi boca no sale nada.

Te engaño

cuando quisiera compartir mil abrazos

y mis manos sólo aciertan

a quedarse mudas en mi regazo.

Y todo por seguir danzando

con la sociedad y sus preceptos,

en una danza absurda

donde las buenas palabras,

las hermosas,

las que expresan cuánto amamos,

nos avergüenzan

más que cualquier crítica o falta.

Te engaño

y sé que a quien de verdad engaño,

a quien traiciono con mis silencios,

es a mí misma

por no decirte,

todas las veces que así lo siento,

cuánto te amo.

 

¡Feliz domingo y no os engañéis ni engañéis a nadie, pues el amor debe ser expresado!

Fotografía y texto de Sara de Miguel.

 

El amor en otoño

Dejé prendido en las hojas de otoño

un deseo todavía no cumplido.

Dejé olvidada en las piedras de la vereda

una sonrisa florecida y hermosa.

Dejé olvidada en el agua estancada

una mirada por ti enamorada.

He vuelto atrás deshaciendo mis pasos,

he regresado a aquel lugar mágico

en el que nació nuestra ilusión

y los árboles fueron testigos

de nuestros primeros besos.

De tu mano, tibieza singular,

recuperamos juntos los deseos,

las sonrisas, las miradas

y rehacemos nuestro amor

como si de un sueño se tratara.

Nada más tierno que la añoranza

cuando llega el invierno,

nada más cierto que nuestro afecto

en cualquier estación o tiempo.

¡Feliz domingo!

Sara

 

Un hogar no es una casa

Un hogar no es una casa.

Es mucho más que eso.

Es un lugar especial donde las personas se sienten seguras y felices.

No es importante el tamaño, ni las posesiones ni el coste.

Hay casas grandes  y lujosas que no son un hogar,

y hay espacios pequeños y pobres

que contienen más calidez de la que se pueda imaginar.

La casa la conforman sus materiales y sus muebles.

El hogar lo conforman las personas.

Una casa la puede tener cualquiera que tenga dinero.

Un hogar sólo está al alcance de aquellos de gran corazón,

que comparten amor con su familia.

Si deseas un hogar no busques en inmobiliarias…

Rodéate de personas maravillosas y reparte cariño a raudales.

¡Feliz jueves!

Una conciencia tranquila

Se nos ha olvidado nuestra conciencia. Y todo por GANAR. Hoy día, en nuestra sociedad lo único que importa es ganar a toda costa, a quien sea, como sea y sin valorar las consecuencias.

Yo no estoy de acuerdo. Pienso que ganar no siempre es lo mejor. Ganar algo hoy puede suponer perder mucho mañana. Ganar es RELATIVO. Depende de lo que inviertes en tiempo, esfuerzo, dinero y bienestar emocional, y de tus valores y creencias. Ganar no siempre es ganar.

Además ganar no siempre es necesario. En ocasiones nos obcecamos en conseguir objetivos porque nos los autoimponemos o nos vienen impuestos social o laboralmente, aunque no sean lo que deseamos o no nos beneficien a nivel personal. 

Por si fuera poco, en nuestra sociedad está penado rendirse o perder. Fracasar es un estigma. Y nadie quiere sentirte un fracasado. Sin embargo, rendirse a tiempo en ocasiones es la mejor victoria, sobretodo cuando los indicios te avisan de que la victoria es difícil o imposible, y el tiempo y esfuerzo a invertir es mayor del que puedes dedicar. Rendirse es sano si eres es capaz de vivirlo como una decisión sabia frente a una expectativa no alcanzable.

Y en ocasiones perder también es ganar. Cada vez que pierdes en algo o que te equivocas, estás aprendiendo un camino que no te beneficia o que te genera malestar. Cada pérdida y cada error es un aprendizaje y te enseña a enfrentarte a la vida de una manera diferente, con más información, de hecho con una información que no tendrías si no hubieses perdido o errado. Yo no sería quien soy si no hubiera errado, perdido y no me hubiera rendido en muchas ocasiones. Acepto toda mi historia personal, con mis victorias y mis derrotas, porque me han convertido en quien soy y me hace sentir mucha orgullosa de ello. Tú tampoco serías quien eres sin tus victorias y derrotas. Puedes sentirte mejor o peor respecto a cada una de ellas, pero al fin y al cabo gracias a ellas estás aquí y seguro que tienes muchas cosas en tu propia historia personal por las que sentirte orgulloso u orgullosa. Cada vez que tomas una decisión lo haces pensando que es la mejor. Si lo es o no, es algo que sólo puedes valorar con tiempo y perspectiva, y desde luego sin arrepentimiento o acritud, pues en su momento te pareció la mejor decisión.

Entonces, si ganar es relativo, y rendirse y perder también es ganar, ¿qué es “GANAR” en realidad?

Ganar es dormir tranquilo.

Consiste en aprender a ser responsable de los propios actos y sus consecuencias, empezando por cómo nos comunicamos con nosotros mismos y con los demás.

Ganar es ser un comunicador eficaz, decir lo que quieres decir, y aumentar las probabilidades de que suceda lo que te gustaría que suceda. Esto no significa en ningún caso tener siempre la razón ni conseguir todo lo que quieres. Significa esforzarte por ser un buen emisor y receptor, y poder irte a dormir con la conciencia tranquila de que, cada día, tu parte como comunicador está lo mejor hecha posible.

Porque UNA CONCIENCIA TRANQUILA VALE MÁS QUE LA OPINIÓN DE TODO EL MUNDO.

Extraído del libro “¿Es el enemigo? La eficacia de comunicarte” de Sara de Miguel.

¡Feliz semana!