Soy un engaño

Soy un engaño. O eso creen muchas personas. Porque a pesar de las contrariedades de la vida soy feliz. Me siento feliz la mayor parte del tiempo. Sonrío, porque siempre me centro en los motivos que tengo para sonreír. Porque los motivos para sentirme mal (enfadada, asustada o triste) los vivo con naturalidad y no como un drama.

«No es humano que no te enfades, que no grites, que no expreses con intensidad lo malo que sientes» me dicen. Y yo comprendo a lo que se refieren: nos han educado para que lo «malo» que sentimos sea expresado con virulencia y que llegue a los rincones de todas las personas que nos rodean para que se sientan parte del problema.

Quizá tienen razón y soy un engaño por no querer (por elegir no querer) aportar más negativo a este mundo ya de por sí difícil, hosco y huraño. Sin embargo hace años que me hice consciente de que yo no elijo como viven los demás, ni soy responsable de sus conductas. Pero sí elijo que hago yo y sí soy responsable de mis conductas. Y elijo paz y tranquilidad.

Elijo vivir mis emociones negativas con moderación y sin exagerar ni dramatizarlas. Elijo buscar soluciones a los problemas. Elijo hablar y no gritar. Elijo quererme y alejarme de las personas hirientes o tóxicas. No es un acto de egoísmo, sino de amor propio y amor por la vida. Que al fin y al cabo es una, y ésta es la mía.

Aunque no lo parezca yo también me enfado y me siento triste, o tengo miedos. Los siento, los acepto y dejo que fluyan como una embestida de agua. Pero no los dejo salir cual catarata demoledora hacia los demás. Porque la mayoría de emociones negativas que nos generan otras personas son por las expectativas que nosotros mismos nos creamos: creemos que lo que nosotros pensamos, sentimos y vivimos es obvio, y esperamos que los demás piensen, sientan y vivan igual. Al encontrarnos en conflicto entre lo que hacen otras personas y lo que hacemos nosotros, sentimos frustración, ira o tristeza. Si simplemente asumimos esa emoción como parte de las diferencias que nos son inherentes como personas que piensan, sienten y viven diferente, la emoción se atenúa y crece la empatía y la comprensión como forma de vida.

Seguramente para los demás soy un engaño. Para mí soy la esencia de la vida emocional estable y sana. Elijo expresar con fuerza las emociones positivas, la felicidad, la alegría, el amor, incluso de las pequeñas cosas, y dejar una estela de calidez a mi alrededor. Tengo los recursos para ello. Quizá soy un engaño porque otras personas no tienen esos recursos, o el autoconocimiento y paciencia necesarios para ponerlos en práctica.

Soy un engaño. Eso piensan muchas personas de mí. Y muchas veces me siento observada por miradas ojipláticas. Sobretodo por las personas las que he dejado atrás en el camino por no querer que su negativismo me arrastre a la crítica, el malpensar y la queja como forma de vida.

Yo en estos casos simplemente me siento una incomprendida por elegir vivir tranquila, lejos del mundanal caos de dramas que se generan casi siempre innecesariamente . Prefiero vivir en mi mundo, en el que mi conciencia se sume en un tierno remanso de serenidad.

Así que voy a elegir siendo ese engaño tan maravilloso que es ser feliz.

¡Feliz fin de semana!

Fotografía y texto de Sara de Miguel.

 

Lloveré

Lloveré desde las entrañas

hasta empañar el cristal que oculta mi alma.

Inundaré el pozo de nuestros recuerdos

hasta reducirlo a fría escarcha.

Si te vas no quedará nada:

el vacío inmenso

de tu ausencia en mi universo.

Lloveré si te vas

y no veré nada

más que gotas llovidas

de mi corazón

que ahogarán nuestro futuro

en agua cristalizada…

Fotografía y poema de Sara de Miguel

¡Feliz fin de semana!

Retorcida

«Retorcida» es el título que da a su ópera prima la bloguera y escritora Paula de Grei.

Ese mismo título nos lanza un primer mensaje de lo que vamos a encontrar en la lectura: la mente «retorcida» de una joven a la que le sobrevienen singulares circunstancias en su vida cotidiana (no haré spoilers que la historia bien merece ser leída).

Reconozco que no es el tipo de literatura que suelo consumir y sin embargo me enganchó en las primeras páginas. El tono cercano, el vocabulario ordinario, sin ínfulas, y los escenarios corrientes hacen que te sumerjas con facilidad en narración.

El relato intriga y divierte a partes iguales. La sucesión de situaciones tan frecuentes en la vida actual (contactos por redes sociales, relaciones de pareja con incertidumbres y dudas autogeneradas, decisiones vitales y no tan vitales que dan un giro a nuestras existencias) narradas desde la excentricidad y la originalidad de las experiencias autobiográficas de la autora entretienen sobremanera a la vez que te permiten introducirte en todo un mundo de introspección emocional y psicológica realista y muy interesante.

Por mi parte me siento muy satisfecha con haber sido partícipe (porque la autora te hace sentir parte de la historia a un nivel muy íntimo) de las retorcidas andaduras de Paula de Grei.

Quedas con mi agradecimiento por haber compartido con el mundo tu historia.

Si os apetece echar un ojo al libro lo podéis encontrar aquí: «Retorcida».

Un saludo y buena semana,

Sara de Miguel

Duelo

«Rosa había perdido a Felipe.

A nivel emocional, se había aislado del mundo, evitaba su propio dolor. Como ella misma decía “Me meto en mi búnquer, y si no pienso, ni siento, no me duele tanto”. Pero era una percepción irreal. Porque doler, le dolía igual, aunque así no lo hacía tan patente.

Pasó por muchas fases diferentes. El duelo no es un proceso ni estructurado ni secuencial. Unos días venía enfadada con el sistema de salud y con los médicos por no haber podido salvar a Felipe. Otros venía enfadada con Dios. Otros días venía tan triste que casi no podía ni hablar, sólo lloraba desconsolada. A veces odiaba la vida, otras veces la odiaba más. La mayor parte del tiempo hacía una negación beligerante de sus propias emociones. Las pocas veces que aceptaba sus propias emociones se hundía en un pozo de desesperación y de sinsentidos filosóficos y psicológicos de la vida. Para mí, como profesional, era horrible ver que hiciéramos lo que hiciéramos, apenas avanzábamos. Como persona, yo sufrí con ella el dolor de la ausencia de Felipe. A través de Rosa, le conocí como si hubiéramos sido amigos en vida. Me dolía también su pérdida…»

Extraído de «13 Almas»

Sara de Miguel

Ocaso

Y las palabras hermosas que son son el reflejo de tu afecto

se pierden ominosas en el camino que va de tu corazón a tu boca,

se enredan en tus rizos sin siquiera rozar el aliento que me alimenta

y dejan un vacío, triste y frío, entre nuestros cuerpos enrarecidos.

¡Tantos silencios innecesarios

y tantas palabras agonizantes antes de haber nacido!

Porque aquello que callas

es como los epitafios de las tumbas:

 cuando el amor muere

decirlo ya no tiene ningún sentido…

 

(Compartid todo lo bueno que sentís por las personas que amáis,

nunca se sabe cuando no podréis dejar de hacerlo).

Sara de Miguel

Dudas

Comparto este extraordinario poema para que todos podamos disfrutar de tan hermosos versos.  Me atrevo a donarle una fotografía de cosecha propia y espero que sea de vuestro gusto esta tentativa de combinación entre imagen y palabras. Es de Ana Centellas a través de Mi jueves de poesía: «Dudas»

dudas.jpg

DUDAS

«Se ahogan mis sentimientos

en océanos de dudas.

Lucho por que salgan a flote,

con las fuerzas ya mermadas

por el paso por la vida.

Mis esfuerzos son en vano,

se hunden sin remisión,

las dudas lo ahogan todo

como el que ahoga en un vaso,

sin raciocinio aparente,

las penas en el alcohol.

La fuerza de la marea

ha de traerlos a mí,

soltarlos sobre la orilla,

mecidos con la resaca

como en una mecedora

abandonada en el jardín.

Dispersos sobre la arena

los volveré a reunir.

Preciso de sentimientos

que me hagan la vida bella,

que la hagan soportable,

que despierten ilusiones,

que me permitan vivir.

Pero el mar que los ahoga

es extenso e insondable.

Los espero entre las dudas

que vienen a mi cabeza

luchando por adueñarse de ella,

bajando por las arterias

hasta el mismo corazón.

Y entre el amplio mar de dudas

y las de mi exigua mente,

yo temo volverme loca,

no saber a qué atenerme,

volverme sin querer tan fría

que hasta el verano se hiele

tras todos mis pasos perdidos,

sin camino que les guíe

ni esperanza que les aliente.

Mientras, mis sentimientos

ahogados se van quedando

en el mar azul oscuro,

profundo y de cruel encanto.

Mientras no pueda tenerte

mis dudas siempre debaten

entre si debo, o no, quererte.»

¡Feliz martes!

Sara de Miguel

Pseudo-relaciones y relaciones tóxicas

PSEUDORRELACIONES Y RELACIONES TÓXICAS

¿Pseudoqué? Vaya palabreja. Mejor me explico: “pseudo” significa “casi”o “parecido” cambiando el significado a la palabra que acompaña. Pseudorrelación significa un contacto entre dos personas que es casi una relación pero en realidad no lo es, aunque lo parece. En nuestra cultura y sociedad es cada vez más frecuente tener pseudorrelaciones: relaciones que lo parecen pero no lo son.

¿Te suenan los “rollos”? Dos personas que están “liadas” durante un tiempo pero no son pareja. ¿Te suenan los “conocidos”? Personas con las que tienes una relación similar a una amistad pero que no llega a ser una amistad.

Este tipo de pseudorrelaciones responden a dos causas principales. La primera es social: cada vez se establecen menos vínculos profundos y más superficiales que responden a necesidades instrumentales (esto es, utilizas a las personas porque necesitas algo de ellas). La segunda es que los estereotipos de libertad y diversión han cambiado hasta el punto de confundir libertad con libertinaje y diversión con exceso.

Me explico: la libertad es poder decidir y elegir qué haces de una manera responsable. El libertinaje es el desenfreno sin control y sin ser consecuente o responsable de los propios actos.

Por su parte, diversión es pasarlo bien, mientras que exceso es llevar la diversión a los extremos en los que supone perder el control conductual o emocional.

Esto nos ha llevado a un punto en el que cada vez tienes más conocidos y menos amigos, y cada vez te diviertes menos porque te involucras demasiado en actividades o conductas potencialmente peligrosas para tu salud física y mental porque las hacen esos conocidos y porque socialmente están de moda.

Por ejemplo, es demasiado habitual que se produzcan más infidelidades porque responden a una apetencia momentánea, eligiendo libertinaje en vez de libertad, y exceso en vez de diversión. O cada vez se bebe más alcohol o se consumen más drogas por el mismo motivo. Quizá te lo puedes pasar igual de bien, o incluso mejor, pasando más tiempo con amigos haciendo actividades positivas, pero socialmente no es “tan guay” ir de excursión o visitar museos como salir de marcha o “ir de flor de flor”.

NO CONFUNDAS RELACIONES CON PSEUDORRELACIONES. Eres libre de tener las relaciones y pseudorrelaciones que desees y que te hagan sentir bien y feliz. Sin embargo, evita etiquetar como amistad una relación instrumental con una persona que sólo sirve para salir de marcha. O evita etiquetar como pareja una relación que sólo sirve para saciar las apetencias sexuales. Si confundes con frecuencia las relaciones con las pseudorrelaciones, tenderás a confiar en exceso, compartir intimidades y dedicar demasiado tiempo y esfuerzo a personas con las que no mantienes una relación, que no te van a corresponder, y que pronto o tarde te harán sentir frustrado/frustrada e infeliz.

Hay dos pautas principales que pueden ayudarte a gestionar las pseudorrelaciones:

– ESTABLECER VÍAS DE COMUNICACIÓN EFICACES. Da igual qué tipo de pseudorrelación estés teniendo, expresa claramente lo que deseas de esa relación y cuándo lo deseas para que la otra persona esté informada siempre de tus expectativas. Como toda relación puede cambiar con el tiempo (de “rollo” se puede pasar a pareja, o de “conocido” a amistad), pero asegúrate hablándolo con la otra persona de que es un cambio mutuo y que la relación que crees que estás teniendo es real.

Si es mutuo, tanto en términos de relación o de pseudorrelación, fantástico, porque ambos esperáis lo mismo.

Sin embargo, si no es mutuo, plantéale qué tipo de relación te gustaría que fuera, y pon en común las posibles expectativas de futuro. La otra persona es libre de decidir si es lo que desea o no.

Tú no decides por nadie, pero sí decides si te comunicas eficaz y sinceramente con esa persona y si aceptas las condiciones de esa pseudorrelación o relación o no.

– ACEPTAR EL CARÁCTER INSTRUMENTAL DE LAS PSEUDORRELACIONES Y RELACIONES. Cuando hablamos de amistad, pareja y familia nos referimos a relaciones en las que amamos a esas personas y deseamos, por encima de todo, su bienestar. Por supuesto, esperamos una reciprocidad: que esas personas nos amen y nos deseen bienestar y felicidad. Cuando sabes que pase lo que pase (aunque haga mucho tiempo que no os hayáis visto, o hayáis tenido algún problema o conflicto) puedes contar con el respeto o apoyo de esa persona, es que tienes una relación con él o ella.

Por el contrario, cuando una persona es adecuada para compartir una parte de tu vida, aficiones o actividades concretas (por ejemplo, salir de marcha, o ir a jugar al fútbol, o de compras) pero no recurres a ella en caso de necesitar una fuente de confianza, apoyo, comprensión o respeto en todos los ámbitos de tu vida, se trata de una pseudorrelación.

En tu vida seguro que tienes varias relaciones y muchas pseudorrelaciones, simplemente acéptalas como lo que son, disfrútalas como lo que son, y no esperes de una pseudorrelación lo propio de una relación, porque es injusto y frustrante para ambos. Naturaliza los diferentes tipos de personas, su “función” en tu vida, y te evitarás muchísimos problemas prácticos y emocionales a lo largo de tu existencia.

Mención aparte son LAS PERSONAS O RELACIONES TÓXICAS.

Una persona tóxica tiende a hablar en exceso sobre sí misma, centrando el mundo en su ombligo y potenciando su ego por encima de los demás.

Normalmente se centran en todas las cosas malas que les ocurren, dramatizando los acontecimientos de su vida cotidiana y envolviendo su alrededor de pesimismo.

Además suele asumir el rol de víctima, pretendiendo ser siempre el centro de atención, y sin tener en cuenta su parte responsable en las cosas que le suceden y sin motivar cambios que le lleven a mejorar las situaciones que le generan malestar.

Suelen culpabilizar a los demás de sus problemas, y expresan constantemente su infelicidad.

Finalmente, actúan como auténticos “VAMPIROS EMOCIONALES”, absorbiendo el tiempo y el esfuerzo de los demás en su beneficio propio. ¿Te suena? Seguro que conoces a alguien así.

Todos pasamos por malos momentos y a todos nos pasan cosas malas, porque hay muchas cosas que nos ocurren que no las elegimos, simplemente vienen.

La diferencia es la actitud que presentas frente a lo que te sucede: si aceptas que hay cosas que te suceden que dependen de ti, y dedicas tiempo y esfuerzo a cambiarlas, estás en el camino adaptativo.

Si aceptas que te suceden cosas que no dependen de ti y dedicas tiempo y esfuerzo al afrontamiento emocional, estás en el camino adaptativo.

Quejarse, dramatizar y recurrir a los demás con demandas excesivas de apoyo emocional frente a lo que uno mismo debe asumir a la larga establece un hábito de toxicidad propio y en tu entorno.

Es importante identificar a las personas tóxicas que puedan estar en tu vida, porque te absorben las energías y te impiden vivir tu propia vida con naturalidad. Además normalmente te arrastran a círculos viciosos de libertinaje y excesos (porque son personas más propensas a la impulsividad que una persona estable y sana emocionalmente) que a la larga no te benefician, y tienden a exigir exclusividad o una demanda elevada de atención que te aleja de otras personas importantes de tu vida porque no soportan compartir tu cariño o afecto con los demás.

Independientemente de que todos podemos pasar por malos momentos, y estar más pesimistas o necesitados de atención, intenta no convertirte en una persona tóxica ni dejes que una persona tóxica tome las riendas de tu vida.

Al fin y al cabo, tú no decides lo que hacen los demás, pero sí decides que haces tú.

Aprende a DECIR NO cuando quieres decir no, justifícalo y exprésalo asertivamente si lo consideras necesario, pero no dejes que nadie decida por ti.

(Extraído de el libro «¿Es el enemigo? La eficacia de comunicarte»).

¡Feliz miércoles y a tener relaciones sanas y hermosas!

Sara de Miguel

Da las gracias a quien abrazas

Hace poco un desconocido en una situación peculiar me dijo una frase inesperada:

«Da las gracias a quien abrazas»

Y desde entonces no puedo quitármela de la cabeza.

En tan pocas palabras se destila tanta sabiduría que no puedo evitar hacer un sincero y emotivo homenaje a la frase.

Ser agradecidos es lo más hermoso que podemos hacer por nosotros mismos y por los demás. Nada más bonito que agradecer a quienes nos acompañan en nuestras vidas y nos apoyan en las insoldables batallas que libramos.

No puedo imaginar qué hubiera sido de mí sin las personas que me han escuchado cuando he necesitado hablar, me han protegido en mis momentos más vulnerables, me han estimulado en mis proyectos más personales, me han defendido en las situaciones más difíciles, han perdonado en mis errores y  me han querido por encima de mis defectos, valorando mis virtudes y amando cada recoveco de mi corazón.

No puedo imaginar ser yo sin mi historia y quienes la han vivido a mi lado, a pesar de que las circunstancias en ocasiones nos aleja (o nos obliga a alejarnos) de las personas que estimamos.

Soy más de abrazos que de besos.

Y mis palabras son un reflejo de la caricia que acompaña a cada uno de mis gestos. Esos gestos que, en mi utópica defensa del amor por encima del dolor y del olvido, procuro regalar cada día a las personas que conforman mi vida y que me acompañan cuando me asomo a los abismos del miedo, y me dan la mano con fuerza y cariño al llegar al precipicio. Si nunca caigo es por ellos.

Agradecida hago de las palabras no esperadas y tan bien recibidas mi caballo de batalla:

DA LAS GRACIAS A QUIEN ABRAZAS.

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