Tienes una mirada

Me gustaría que las miradas de amor

tuvieran notificación como los mensajes:

“Tienes una mirada”.

Así sabrías cuántas veces me pierdo en tus ojos,

en el perfil de tu nariz,

en tus labios hermosos

y en la luz que surge de tu alma.

Sería increíble que supieras cuánto te adoro:

que por un efímero momento

supieras de mi afecto sempiterno,

tan eterno y tan etéreo

como la elocuencia de mis palabras.

 

Fotografía y poema de Sara de Miguel.

¡Feliz día!

 

Barco a ninguna parte

Me pregunto dónde van las palabras de amor que no se dicen.

Si se quedan en las miradas silenciosas de los enamorados,

o se embarcan en un venturoso viaje hacia ninguna parte.

Si se mueren como vetustas galaxias en las sonrisas mal disimuladas,

o surcan el mar embravecido de la incertidumbre.

Si desaparecen como en los trucos de magia

o arriban las orillas de exóticos parajes como tu cuerpo.

Me pregunto dónde van las palabras de amor que no se dicen:

si laten enfurecidas en el corazón hasta disiparse

o mueren en el cementerio del que nacen los versos de los poetas…

 

Fotografía y poema de Sara de Miguel.

¡Feliz día!

Amor secreto

montaña

He sobrevolado las cumbres más altas,

las cimas alejadas más de la civilización,

para esconder mi secreto entre sus recónditos parajes

entre las nubes de algodón.

Allí reposan ahora mis sueños:

besarte con ternura,

amarte con pasión

y quererte sin medida.

Quedará mi confidencia entre el cielo límpido

y la hermosa tierra,

allí donde no puedas ni imaginar

que mi corazón se debate

entre confesarse o callar,

entre el olvido o el embate…

 

Fotografía y texto de Sara de Miguel. ¡Feliz día!

 

Belleza perdida

Me miras pero no me ves.

Siento que pasan los días

y que ya no me admiras.

Hace tiempo que en tu alma

ya no se refleja la mía.

Hemos perdido el don de emocionarnos

con tan solo una mirada.

Recuerdo cuando percibía la pasión

en cada una de tus caricias,

cuando podíamos estar horas besándonos

sin importar el mundo,

como si fuéramos

los únicos enamorados del universo.

Ahora ya no tienes tiempo para abrazos de más,

ni para palabras hermosas,

no te quedan fuerzas para escuchar mis historias

ni contarme las tuyas.

Ya no me acunas en tu regazo

cuando tengo miedo o penas.

Ya no busco tu cariño

ni te doy todo el que siento

porque la costumbre

nos ha llevado

a no valorar

todo el amor que nos tenemos.

Me siento como una hermosa flor

sola y solitaria

que florece abatida

porque mi belleza no existe

si tú no la ves.

Belleza perdida por haber perdido

los únicos ojos que la veían…

 

“No dejes que la costumbre acabe con la llama del amor”

Poesía de Sara de Miguel y fotografía de Tomeu Mir.

 

Acto y palabra

Había una vez una fanática de las palabras.

El cariño y el afecto se retrataba en cada vocablo

que surgía a borbotones por el caudaloso río que era su boca.

Una noche, buscando inspiración en los caminos de un campo abandonado,

se perdió con la luna como única guía.

Le rescató un amable caballero que de palabras no entendía nada.

Su pasión eran los actos. Con sus acciones demostraba sus sentimientos.

Le dio calor con su cuerpo para que no sucumbiera en el frío del crepúsculo.

Le proporcionó agua para que no sintiera la sed,

y comida para que no pasara hambre.

Le regaló el cobijo de un árbol frondoso

para que apreciara la formidable hermosura del bosque.

Ella le agradeció sus magníficos cuidados con locuacidad,

como  entendía el mundo: con el vicio de las palabras.

Surgió el amor entre ambos,

pero las ambiguas discrepancias entre ellos

hizo surgir el temor al fracaso emocional.

Tardaron tiempo en reconciliar sus expectativas

pero comprendieron que no eran almas opuestas

sino complementarias.

El don del acto y el de la palabra

se unieron en un querer infinito

presente y futuro portentoso.

 

¡Feliz día!

Poema de Sara de Miguel e ilustración de jb70g.

“49 Charcos de tinta” de David Esteban

Hoy pongo a vuestra disposición más que un libro un tesoro de la poesía contemporánea.

Se trata de “49 Charcos de tinta” del escritor David Esteban Andreu.

Hacía tiempo que unas palabras, unos versos bien hilados, una retórica tan exquisita no me deleitaba de una manera tan intensa.

Los poemas que conforman la obra son extraordinarios: desde el corazón, agarrando el alma con fuerza y con dulzura, transmitiendo la inquietud y serenidad justas para expresar el equilibrio entre los sucesos cotidianos y las increíbles emociones que los acompañan.

Las temáticas de siempre (el amor, el desamor, la vida) reinventadas en rimas sencillas que arrasan los pensamientos y embelesan.

Una obra maestra digan de los autores clásicos.

Os dejo unos versos para que podáis juzgar por vosotr@s mism@s:

“Si alguna vez…

Si alguna vez hubiéramos sido

lo que nunca fuimos o lo que nunca seremos,

hubiéramos paseado , no lo dudo, mariposas

y nerviosas sonrisas de manos inquietas.

Y habríamos sido tormenta de sentimientos,

y relojes derrotados, tristes, sin saber qué hacer.

Hubiéramos sido un millón de noches en vela,

y también mil tardes apestando a rutina.

Habríamos sido, por más que me pese,

como otros tanto: tardes y veranos,

una, o cuatro fiestas,  una vez al año.

Hoy tú con los niños y mañana yo.

Costumbre y ternura,

tenue mansedumbre,

familia y colchón.

Todo eso seríamos si hubiéramos matado la sombra de la duda.

Si hubiéramos cogido aquel incierto tren.

Si hubiéramos respondido a la pregunta de “¿Y si…?”.

Todo eso habríamos sido tú y yo.

Prefiero soñar con la incertidumbre.”

Espero que os guste.

Un abrazo afectuoso, Sara

Gracias a la música

 

Vivo la vida

con sus muros y sus dificultades

como si fuera una bella melodía.

Bailo a su son,

me deslizo entre sus notas,

vuelo libre como un pájaro

gracias a la música.

Me entrego a ella

sin zozobra,

vivo mecida en su regazo

y me devuelve, apasionada,

una sonrisa en canción convertida.

El más hermoso arte

que me hace vibrar el corazón

y convierte mi alma

en una hermosa sinfonía.

 

Fotografía y poema de Sara de Miguel.

Quisiera no amarte tanto

Quisiera no amarte tanto,

como si fueras la estrella del firmamento

que debo seguir.

Tan intensamente

que cuando no te siento

deliro en sueños

 y sin aliento quedo en un sinvivir.

Quisiera no amarte tanto

para que no me dolieras así.

Quizá manteniendo las distancias me protegeré.

O arderé en el infierno por no serme fiel,

o lloveré como lágrimas en la tormenta,

efímera y fútil,

cenizas en el hielo que nadie puede ver…

 

 

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