Tu nombre

Mi felicidad tiene un nombre.

El tuyo.

 

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No te detengas. Vive con pasión.

PRINCIPIO PARA SER FELIZ II

No te detengas.

Vive con pasión.

Creces hacia el cielo como un árbol,

te transformas en mariposa,

brillas como una estrella

y destilas hermosura como una flor.

A cada paso tomas aire,

disfrutas del camino,

sueñas,

y luchas por tus sueños.”

Extraído de “9 Principios y ningún final”. ¡Feliz viernes!

Por verte sonreír

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Antaño quedó el día que llegaste a mí

hastiado de recuerdos tristes.

Nuestras hazañas nos enlazaron por caminos exóticos

y ahora transitamos juntos en la aventura de la vida.

Hemos dejado atrás nuestros miedos

y nuestras penurias

para volver a ser felices.

He comprendido que puedo ser

una majestuosa y efímera mariposa,

o una tosca y sempiterna tortuga

siempre que mi tiempo sea contigo.

He cambiado mis utopías

porque es mejor cumplir nuestros sueños.

Puedo renunciar a cualquier obsequio

porque tú eres mi futuro.

La vida es maravillosa a tu lado

y tu sonrisa es mi mejor regalo.

 

Fotografía y poema de Sara de Miguel.

¡Feliz jueves!

El día de los hijos

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Dicen que hoy es el día de la madre.

Yo digo que se equivocan:

es el Día de los Hijos.

Sin vosotros nada tendría sentido.

Sois el motor de mi existencia,

el aliento en los momentos de flaqueza,

la mayor alegría de mi vida

y más hermoso refugio.

Dicen que ser madre es un trabajo agotador que no se paga.

Yo digo que se equivocan:

ser madre es el regalo más precioso que se pueda imaginar

y vuestras sonrisas tienen un valor que no se puede calcular.

Así que no hoy no me felicitéis.

Os felicito yo a vosotros, mis hijos,

por ser mi más grande motivo de orgullo

y mi don más preciado.

 

Poesía para Sara

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“Un deseo.

Dos abrazos.

Tres miradas.

Cuatro pasos.

Cinco emociones.

Seis sueños.

Siete caricias.

Ocho promesas.

Nueve besos.

Diez favores.

Once años

Doce poemas.”

Estas hermosas palabras me han dedicado dos niñas de once años. En ocasiones como esta me siento realmente orgullosa del calado de la poesía en los jóvenes. Me siento emocionada y feliz caminando entre la naturaleza más humana y especial del mundo.

Gracias a L y L por regalarme palabras llenas de cariño. Gracias por hacer sonreír a mi alma.

¡Feliz lunes!

Sara

Equilibrio

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Había una vez una anciana que vivía en las afueras de un pequeño pueblo, a los pies de una montaña. Vivía con su marido, un hombre muy mayor que cuidaba de ella, y recibían con frecuencia la visita de su gran familia, que ya contaba con siete hijos, sus parejas y sus más de veinte nietos, que vivían todos en el mismo pueblo.

Toda su familia la adoraba, porque a pesar de padecer muchas enfermedades, siempre sonreía y era amable y cariñosa con todo el mundo.

Por las tardes la anciana se sentaba en un banco de madera, bajo la sombra de un cerezo, y observaba la animada actividad de su familia más abajo, en sus casas del pueblo. A pesar de encontrarse cada vez más débil, y a pesar de las peticiones de sus seres queridos de que descansara en vez de esforzarse por ir hasta aquel ajado banco, se aferraba a esa costumbre.

Una tarde de otoño, con un tibio sol y hojas doradas que cubrían el suelo, el nieto más pequeño de la anciana, que apenas contaba con doce años, se acercó hasta el banco y se sentó junto a su abuela. La anciana le sonrió con amor y le cogió la mano. El joven se abrazó fuertemente a su abuela y le dijo:

“Abuela, aunque siempre estás muy enferma y mamá me ha dicho que no te tengo que molestar, quiero decirte que te quiero mucho porque eres la mejor abuela del mundo.”

La anciana sonrió con los ojos anegados en lágrimas de alegría. Entonces el pequeño le preguntó:

“¿Por qué siempre sonríes aunque estás tan enferma?”

Entonces la anciana le cogió las dos manos entre las suyas, le miró fijamente con ternura y le explicó:

“Te voy a contar un secreto. Es un secreto muy antiguo, pero creo que debes saberlo. Hay una Energía natural limitada en el mundo, de la que deriva un equilibrio de vida y muerte que mantiene estable esa energía. Hace cientos de millones de años hubo una época en la que los Dioses dieron a los humanos la capacidad de mantener el equilibrio de Energía, y podían elegir quienes podían vivir y quienes debían morir. Cuando un hombre o una mujer eran dignos de admiración por sus actos morales, se perpetuaba su existencia. A su vez, cuando un hombre o una mujer realizaba actos corruptos, enfermaban y morían. Las decisiones eran fáciles, ya que únicamente se consideraban poco éticos los comportamientos que intencionadamente dañaban a otras personas en beneficio propio.

Con el tiempo la definición de ética y moral se fue complicando. Las causas de los castigos de muerte generaban conflictos entre los humanos que debían decidir, y entre los propios Dioses a los que recurrían para asesorarse. Incluso hubo personas que se percataron de que si se comportaban en los límites de la moralidad, eran castigadas con enfermedades que no eran mortales, y aprovechaban esta circunstancia. Se comenzó a confundir la libertad de elegir los propios valores morales, con el libertinaje de hacer cualquier cosa que diera lugar a embarullo ético.

Entonces los Dioses decidieron quitar a los humanos el poder de mantener el equilibrio entre la vida y la muerte, el equilibrio de la naturaleza. Al no encontrar ningún criterio claro para poder ejercer su responsabilidad de mantener la Energía, decidieron que la enfermedad y la muerte serían aleatorias.

Desde entonces, así ha sido. La enfermedad y la muerte son aleatorias. No hay una causa, ni una responsabilidad, ni una justificación para ninguna de las dos. Las personas enferman y mueren aleatoriamente, sean buenas o malas. La única diferencia entre ambas reside en la paz de su conciencia al morir.

Por suerte, aún quedamos algunos descendientes de los primigenios humanos que podemos decidir sobre el equilibrio de la Energía. Pero somos muy pocos, y podemos afectar únicamente a las personas más cercanas.

Yo soy una de ellas. No puedo decidir quien vive o quien muere, pero puedo asumir las enfermedades las personas que quiero y que se portan bien. Para mi inmensa suerte, toda mi familia sois personas maravillosas, que os cuidáis unos a otros, y que os preocupa más el bienestar de vuestros seres amados que vuestro propio bienestar. Así que hasta que la muerte me llegue, hace mucho, mucho tiempo que decidí asumir todas vuestras enfermedades. Por eso siempre sonrío, porque sé que cada síntoma, cada dolor, cada pesar, cada cansancio o malestar físico, no es más que un síntoma, un dolor, un pesar, un cansancio y un malestar que no tenéis uno de vosotros. Sonrío porque soy feliz con vuestra felicidad.”

El joven, con una sonrisa llena de asombro y admiración, volvió a abrazar a su abuela, y repitió:

“Eres la mejor abuela del mundo.”

Extraído de “9 Principios y ningún final”

¡Feliz jueves!

Sara