Sorteo Feria del Libro

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Cualquier ocasión es buena para celebrar que existen los libros, como forma de transmisión de información, como fuente de sabiduría y, sobretodo, como muestra de imaginación y ocio intelectual y emocional.

Aprovechando la Feria del Libro os invito a participar en el sorteo de uno de mis libros (a tu elección) dedicado, firmado y con envío a tu domicilio.

¿Qué puedes hacer para participar? Muy sencillo, adquiriendo cualquiera de los libros, indistintamente en formato tradicional o ebook, y dejando una opinión o reseña en Amazon. La fecha límite para participar es el domingo 5 de junio a las 00h (hora española). El lunes día 6 de junio procederemos al sorteo entre todos los participantes y nos pondremos en contacto con el ganador o ganadora para que pueda recibir su premio.

Son tres los libros que puedes adquirir y reseñar en Amazon:

¡MUCHAS GRACIAS Y MUCHA SUERTE!

¡FELIZ SEMANA!

SARA

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Historia de un canalla

Como bien define la autora, la gran escritora contemporánea Julia Navarro, “Historia de un canalla” es un viaje a lo más recóndito del ser humano. Nos adentra en las miserias psicológicas de un personaje que refleja, sin sutilezas superfluas, la decadencia moral y ética presente en nuestra sociedad.

Me ha parecido un buen libro. Muy recomendable.  Plantea una trama interesante, unos personajes inolvidables y una serie de reflexiones imprescindibles sobre cómo una conducta o unas palabras pueden cambiar el curso de la vida de la persona que las emite o de las personas que las recibe. El hecho de que la autora refleje la posibilidad de varias actuaciones del personaje principal ante la misma situación permite meditar con facilidad sobre las consecuencias de los comportamientos dañinos y taimados del protagonista.

Justo en este momento de mi evolución como escritora, que acabo de publicar ¿Es el enemigo? La eficacia de comunicarte, la lectura de “Historia de un canalla” me ha servido para fortalecer la idea de que la comunicación es un pilar básico en nuestras vidas y debe no sólo cuidarse sino también mimarse en extremo en nuestro día a día para evitar conflictos y malestares innecesarios, y maximizar las probabilidades de sentirnos bien con nosotros mismos y las personas importantes de nuestras vidas.

¿Es el enemigo? La eficacia de comunicarte

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Os presento mi nuevo libro “¿Es el enemigo? La eficacia de comunicarte”, una experiencia a través del contacto con uno mismo y las personas de tu entorno a través de la comunicación eficaz.

La comunicación es el pilar básico de quiénes somos, qué hacemos y cómo lo hacemos, pues en ella se fundamenta la relación con nosotros mismos y con los demás.

Las siguientes páginas son un contacto con el enemigo, que no es más que una mala comunicación contigo mismo y con las personas que te rodean.

Para aprender a comunicarte de una manera eficaz en este libro encontrarás una explicación de los conceptos más importantes, ejemplos cotidianos y ejercicios para practicar.

Este libro va más allá de la comunicación. También versa sobre las personas, la vida y nuestra actitud hacia ellos. Te voy a contar lo que nunca te han contado. Espero que disfrutes leyéndolo tanto como yo escribiendo cada línea. Coge el libro… Es el enemigo.

Podéis encontrarlo en Amazon.es en formato ebook  en el enlace ¿Es el enemigo? y en formato tradicional en el enlace ¿Es el enemigo?

Disponible también en Amazon.com para los lectores internacionales en ebook en el enlace ¿Es el enemigo? y en formato tradicional en el enlace ¿Es el enemigo?

¡Espero que os guste y que lo disfrutéis!

Sara

 

Portada de ¿Es el enemigo?

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Un libro de comunicación debe tener una portada que comunique mucho y muy bien.

El libro está terminado. El proceso de revisión también. En un par de días estará publicado.

Esta es la foto de portada que hemos seleccionado tras meses de búsqueda de ideas y muchas horas de arduo trabajo por parte de los modelos y del fotógrafo Tomeu Mir.

No me puedo sentir más orgullosa y satisfecha del resultado.

¿Qué os parece?

¡Feliz lunes y que hagáis buena semana!

Microscopio V: la entonación y el volumen

Otro componente esencial en la comunicación son, lo que hemos llamado antes, elementos paraverbales, los que acompañan al mensaje. Nos vamos a centrar en los dos más importantes: el VOLUMEN y la ENTONACIÓN. Si hay algo seguro es que no es lo mismo hablar en susurros que pegar gritos. Tampoco es lo mismo utilizar una entonación monótona, hablando todo el tiempo con el mismo ritmo y cadencia, que hablar cambiando la entonación según el mensaje que estamos transmitiendo. Seguro que has tenido un profesor o una profesora que te aburría soberanamente en sus clases porque daba el tema hablando con el mismo volumen y entonación toda la clase. Al igual que seguro que conoces a alguna persona que constantemente grita o cambia el ritmo de la conversación, haciendo difícil mantener la atención y te hace sentir que estás en una especie de actuación de teatro o de circo.

Hablar en susurros puede provocar dificultades de entendimiento. Hablar a gritos genera rechazo y percepción de agresión. Al igual que los cambios de entonación pueden cambiar por completo el significado de una palabra o un mensaje. Por ejemplo, cuando preguntas a alguien “¿Qué tal va todo?” Y te contesta “Bien”, según el volumen y la entonación que utiliza, puedes saber perfectamente si es un “Bien” de entusiasmo, de tristeza, de enfado o de indiferencia. La palabra es la misma, pero su interpretación no. Esto es muy relevante sobretodo en nuestro idioma y nuestra cultura, que tiene más de sesenta mil palabras polisémicas (con diferentes significados según el contexto), giros, ironías y sarcasmos. ¿Cuántas veces te han malinterpretado o has malinterpretado a alguien porque dice con volumen medio, entonación formal y gesto serio lo que se supone que es una broma? A no ser que estemos seguros de que nuestro receptor va a comprender el mensaje, deberíamos utilizar el vocabulario, entonación y volumen que mejor vaya a expresar lo que realmente queremos expresar.

No hay un volumen y entonación perfectos. Sólo hay un volumen y entonación adecuados a cada conversación. Por eso también te propongo repetir los ejercicios de los apartados anteriores (mirarte en el espejo y grabarte la voz mientras te cuentas cosas relacionadas con diferentes emociones) prestando especial atención a tu propia entonación y volumen. Prueba a “decirte” el mismo mensaje cambiando el volumen, la entonación, el ritmo y la cadencia. ¿Percibes cómo cambia su significado en función de los cambios? Como este ejercicio es difícil llevarlo a cabo cuando hablas con otras personas (porque si te estás escuchando a ti mismo, desde luego no estás escuchando a la otra persona), procura repetirlo a menudo para poder modular tu voz según lo que desees expresar.

Aunque parezca complicado, la voz y sus componentes también se puede “aprender”. Te pondré un ejemplo, cuando empecé a trabajar de operadora en la central de coordinación del servicio de atención médica de urgencias de mi comunidad autónoma, me informaron de que todas las llamadas se graban por motivos de seguridad y calidad. Periódicamente el coordinador revisaba llamadas con cada operador para mejorar la atención. La primera vez que me invitó a escuchar una llamada, cuando apenas llevaba unos segundos le dije que esa llamada no era mía. Insistió y buscamos el código de usuario y de tiempo, y confirmamos que, efectivamente, era una de mis llamadas. No sólo no había reconocido mi voz, sino que además sufrí un fuerte rechazo porque aquella “voz” tenía un volumen alto, parecía que estaba gritando, con una entonación muy aguda, y muchos cambios de ritmo. Me pareció desagradable. Y desde luego, lo último que yo quería cuando cogía una llamada de emergencias era parecer desagradable. Así que manos a la obra, busqué la ayuda de una logopeda que en muy poco tiempo me ayudó a “escucharme” y a modular mi volumen, entonación, cadencia y ritmo según el mensaje que quisiera transmitir. Desde entonces sé adecuar mi voz según las circunstancias. También debo admitir que no siempre es necesario ir a un especialista para mejorar la propia voz. Con practicar regularmente en casa es más que suficiente en la mayoría de los casos. Te animo a que pruebes a ver qué pasa si vas haciendo todos los ejercicios que te propongo con constancia y regularidad.

¿Te atreves a probar diferentes entonaciones? ¿Y a cambiar el volumen en tus interacciones sociales? ¿Notas diferencias en función de ello?

¡Feliz martes!

Sara

Microscopio IV: el vocabulario

Pasemos a la parte del VOCABULARIO o elementos verbales que utilizamos. ¿Utilizas el mismo vocabulario cuando hablas con un niño que con un adulto? ¿Y cuando hablas con compañeros de trabajo y con tus amigos o amigas? ¿Usarías las mismas palabras para expresarte en una fiesta de gala de alto standing y tomando un café en un bar de barrio? Quizá no seas consciente de ello, pero el vocabulario que utilizamos es muy importante. El mismo vocabulario puede transmitir sensaciones muy diferentes en función del lugar o las personas con las que nos comunicamos. Por ejemplo, utilizar palabrotas entre los “colegas” viendo un partido de fútbol (o cualquier otro evento deportivo) puede ser un signo de estar integrado y sentirte cómodo o cómoda, sin embargo decir palabrotas en la puerta de un colegio resulta inapropiado y molesto.

El tema del vocabulario también está siendo muy controvertido hoy día por el uso de abreviaturas y emoticonos en las redes sociales. Hace poco recibí un mensaje de mi sobrina de quince años al que sólo supe contestar “compro vocal, a ver si resuelvo”. Aunque pueda parecer muy práctico y muy “guay” enviar mensajes llenos de palabras abreviadas en tres consonantes, permíteme decirte que por no dedicar apenas unos segundos a escribir las palabras completas, pierdes capacidad de expresión y, sobretodo, de comprensión por parte del receptor o receptora del mensaje. Por no hablar de que, con el tiempo, se acaba perdiendo el buen uso de la ortografía y la gramática, y conozco personalmente personas que ya no saben ni acentuar correctamente, cuando un acento, o un signo de puntuación (como una coma o un punto), pueden cambiar el significado por completo de una palabra o de una frase.

Debates sobre el habitual uso de palabrotas o del uso abusivo los mensajes en las redes sociales aparte, debemos tener presente que cada persona con la que hablamos, en cada contexto, merece un trato y un vocabulario adecuado y adaptado. Si pretendes que tu hijo o hija de 5 años comprenda qué es la genética, puedes hablarle, por ejemplo, de los parecidos entre las personas emparentadas en el color de los ojos o del pelo. Si eres profesor universitario y se lo debes explicar a tus alumnos, desde luego la palabra más sencilla que emplearás será ácido desoxirribonucleico. Imagina que das la explicación del profesor universitario al niño, o la del niño a los alumnos universitarios. Es una exageración absurda, pero en muchas ocasiones no hacemos esta distinción tan crucial.

Si utilizamos el mismo vocabulario indiscriminadamente con todo el mundo en cualquier situación, lo único que conseguiremos es aumentar las probabilidades de falta de entendimiento o, incluso, de conflictos. Tu parte de responsabilidad como emisor supone elegir las palabras adecuadas para que tu receptor comprenda tu mensaje. Y esto incluye los mensajes escritos. Desde luego un tema vital nunca debería “hablarse” por mensajes, sobretodo por la cantidad de malentendidos que genera (estoy segura de que ya te ha pasado alguna vez). Si entenderse en persona ya es complicado, por mensajes , en los que encima tendemos a abreviar palabras de cualquier manera y a poner un montón de emoticonos, es prácticamente imposible.

¿Crees que utilizas el vocabulario más adecuado en cada situación? ¿Consideras que podría mejorar tu eficacia comunicativa el buen uso del vocabulario?

¡Feliz martes!

Sara

Microscopio III: la distancia

Ahora vamos a un tema que me encanta y es muy fácil de ilustrar: la DISTANCIA. ¿Has ido alguna vez en un transporte público abarrotado? Es horroroso sentirse “atrapado” entre un montón de personas, sobretodo si son desconocidas. No sé si hay niños en tu entorno, pero en el caso de que los haya, ¿alguna vez te han hecho un “montón” tirándose encima tuya? Si lo piensas fríamente es mucho más invasivo que se te tiren encima, que estar de pie junto a otras personas, pero lo vivimos con una sensación completamente diferente. Esto es así porque la distancia adecuada en cada situación viene determinada por nuestro espacio personal. Aunque no lo podamos ver, nuestro espacio personal existe. Es como una burbuja que nos envuelve y se hace más grande o más pequeña, y la modificamos según la o las personas que nos rodean y la situación en la que nos encontramos. Por ejemplo, en el transporte público nos sentimos invadidos porque personas ajenas a nosotros ocupan parte de nuestra burbuja, pero cuando un ser querido nos abraza, no hay esta percepción de invasión, nos parece natural. Porque le cedemos voluntariamente el espacio de nuestra burbuja.

Es importante recalcar que el espacio personal, las distancias, y la mayoría de conceptos comunicativos, son culturales. En este caso se pueden apreciar diferencias abrumadoras en función del origen de la persona. Te pondré algunos ejemplos. Las personas de origen oriental o nórdico mantienen unas distancias mucho más amplias que las personas de origen mediterráneo o del sudamericano, así como el contacto físico es mucho menor en las primeras que en las segundas.

También, como ya he mencionado, está muy relacionado con la situación y la persona con la que nos encontramos. No se mantiene la misma distancia con el jefe o jefa, que con la pareja o con las amistades. De hecho, imagina que tu jefe o jefa se pone a hablarte a la misma distancia que lo haría tu pareja, un hijo o una hija, o una amistad muy cercana. Seguro que te generaría muchísima incomodidad. O imagina que tus familiares más cercanos te hablaran de cosas íntimas o cotidianas a más de un metro de distancia, que sería la adecuada en una relación laboral. También te resultaría extraño o incómodo.

Para conocer mejor los espacios personales y las distancias te propongo un pequeño ejercicio. La próxima conversación que mantengas con una persona que no sea de tu entorno cercano, ve aproximándote poco a poco, de una manera sutil y lenta, a esa persona mientras hablas. Comprobarás que a medida que tú avanzas, la persona retrocede. Esto sucede porque percibe que invades su espacio personal y que la distancia que estás manteniendo no es adecuada (ten cuidado de no aproximarte demasiado, a ver si te vas a buscar un problema). En el caso de duda sobre qué distancia mantener con cualquier persona, un pequeño truco consiste en realizar pequeñas y sutiles aproximaciones, y al primer movimiento de retroceso de esa persona, identificar que te está marcando su espacio personal, esto es, hasta donde llega su burbuja en la comunicación contigo y donde ya no debes pasar.

¡Feliz lunes y ánimo con la semana!

Sara

Microscopio II: la postura

   El siguiente comportamiento comunicativo en el que debemos centrar nuestra atención es la POSTURA. ¿Cómo colocas tu cuerpo cuando hablas con alguien? ¿Es similar cuando estás de pie que sentado o sentada? Sobre este tema podríamos estar hablando durante horas, pero vamos a simplificar centrándonos en los tres tipos de conducta corporal básicas que transmiten más información en la comunicación. Son la posición de los brazos, la alineación del cuerpo y los gestos con las manos.

   Ponte frente a un espejo, cruza los brazos y echa el cuerpo ligeramente hacia atrás. Hazlo también sentado. ¿Qué impresión transmites? ¿Qué te transmite una persona que mientras le hablas cruza los brazos y se echa hacia atrás? Se trata de una impresión de rechazo, negación o desagrado. Ahora vuelve frente al espejo y deja los brazos colgando a ambos lados del cuerpo e inclínate ligeramente hacia delante. Cuando lo hagas sentado, deja los brazos apoyados sobre las piernas, o si tienes una mesa, abiertos sobre ella. ¿Te genera la misma sensación? ¿No te hace sentir mayor cercanía y comodidad? En este caso se trata de una postura de apertura que transmite aceptación.

   Seguro que conoces a alguien que “habla” mucho con las manos, o a alguien que apenas ni se inmuta al hablar. Prueba ambas opciones frente al espejo: cuéntate algo que te haya pasado hoy moviéndote exageradamente. Después cuéntate lo mismo sin apenas moverte. Podrás comprobar que ninguna de las dos opciones generan agrado. No hay un estándar para los gestos manuales, sin embargo es recomendable no hacer grandes gestos y aspavientos todo el tiempo, ni mantenerse rígido, sin moverse nada, durante una conversación. Lo más adaptativo es un término intermedio, acompañando lo que dices con movimientos suaves y coherentes.

   Cuando hablas con alguien puedes generar un amplio espectro de impresiones según la postura que adoptas. Fíjate en la alineación de tu cuerpo, la posición de tus brazos, cómo colocas las piernas o las gesticulaciones que haces.

   ¡Feliz martes!

   Sara

Microscopio I: la mirada

   Si en el capítulo anterior cogimos el bisturí, ahora cogemos también la lupa. Ya que diseccionamos los comportamientos comunicativos, vamos a ponerlos bajo el microscopio.

   El primer comportamiento comunicativo, y quizá uno de los más significativos, es la MIRADA. ¿Quién no ha “dicho” o le han “dicho” mil cosas con la mirada? La forma de mirar es, en sí misma, todo un acto comunicativo. Y el tiempo que mantenemos la mirada a otra persona es muy importante. Imagina que te encuentras con un conocido en la calle y entabláis una conversación trivial, nada importante. ¿Cuánto tiempo del total que dura la conversación crees que debes mantener la mirada fija en sus ojos? ¿Un cien por cien mirando fijamente todo el tiempo? ¿Un diez por ciento mirando más hacia los alrededores que a la persona en sí?

    La respuesta más adaptativa es un margen entre el 40% y el 60% del tiempo total de la conversación. Esto es así porque si miramos fijamente mucho tiempo a los ojos a otra persona, o nos miran fijamente de esta manera, genera incomodidad, se percibe como un acto de agresión. ¿No te ha pasado alguna vez que te miran tanto y tan fijamente a los ojos que parece que te están “atravesando”? ¿No te ha resultado incómodo? Y si miramos poco, o nos miran poco, dedicando más atención a los alrededores, la impresión es de distracción o poco interés por la persona o la conversación. ¿No te ha pasado alguna vez que estás hablando y la otra persona esta mirando hacia otro lugar y has pensado que no te está prestando atención o no le interesa lo que le estás contando? Si deseas evitar generar estas sensaciones con tus interlocutores, debes saber que lo ideal en una conversación estándar es mirar aproximadamente la mitad del tiempo a los ojos, y alternar la otra mitad mirando alrededor del rostro y los hombros. Chiste malo, especialmente dirigido a las mujeres y hombres más indiscretos: “rostro y hombros”, mirar más abajo, véase escotes, no sólo genera incomodidad, sino que también genera rechazo (emoticono de guiño y sacar la lengua).

   Volviendo a ponerme seria, fíjate en las próximas conversaciones que tengas. Te darás cuenta de que mirar aproximadamente la mitad del tiempo a los ojos y la otra mitad, alternando, al rostro y hombros, lo hacemos espontáneamente, casi siempre. Sin embargo, no está de más prestar atención a un pequeño y gran detalle como es el tipo de impresión que queremos generar a la persona con la que hablamos a través de nuestra mirada, que va desde la “agresión” al “pasotismo”, teniendo un término medio que es el “interés”.

¿Crees que la mirada es importante? ¿Observar cómo miras y te miran?

¡Feliz semana!

Sara

Bisturí III: un ejemplo

   Para que entiendas para qué sirven los ejercicios propuestos la semana anterior te pondré un ejemplo. Estando trabajando como psicóloga en un centro de salud mental me remitieron a Roberto, un hombre de unos sesenta años, por síntomas ansiosos y depresivos. Realicé a Roberto una evaluación y un análisis funcional de conducta y le transmití el resultado: no padecía ningún trastorno. Eso pareció afectarle mucho, porque esperaba que sus momentos de tristeza o de angustia tuvieran una causa clara para ponerse a tratamiento (me pidió específicamente que le mandara al psiquiatra a que le recetara “lo que sea” para estar mejor). Entonces le expliqué, mientras él me miraba con escepticismo, que el hecho de que no hubiera un trastorno o un diagnóstico no significaba que no hubiera un problema en su vida cotidiana que tuviera que solucionar. Ese problema era su manera de comunicarse: era un hombretón de pueblo, grande y rudo, que hablaba a gritos, frunciendo el ceño y enseñando los dientes constantemente. Eso había provocado multitud de problemas en sus relaciones familiares, sociales y laborales, que le llevaron a sentir y expresar inseguridad, ira y enfado casi cada día. Finalmente, como pescadilla que se muerde la cola, cuanto más se enfadaba y creaba discusiones y malestar, peor se sentía, más triste, angustiado y enfadado. Y cuanto más enfado, angustia y tristeza, más malestar creaba a su alrededor.

   Cuando le expliqué mi valoración profesional se enfadó conmigo y me dijo literalmente “Eso es una chorrada, a mí me pasa algo grave y necesito que me pongas que tengo algo para que me mediquen”. Y se fue de la consulta dando un portazo.

   Volvió unas semanas más tarde, desesperado porque su mujer le había pedido el divorcio, y su jefe le había amenazado con despedirle si no cesaban los conflictos con sus compañeros. Esta vez me escuchó con más atención.

   Le expliqué que es normal sentir rechazo cuando buscamos una causa a nuestros problemas y nos dicen que la causa son nuestras propias conductas. Normalmente preferimos que nos digan que tenemos “esto o aquello”, que son enfermedades y nos sirven para justificar prácticamente todo.

   También le expliqué que también es normal que pidamos una “pastilla mágica” para que se solucionen todos nuestros problemas. Lo cierto es que hay casos en los que los fármacos son de gran ayuda, y casos en los que son imprescindibles. Sin embargo en muchos problemas cotidianos basta con ser conscientes de que tenemos un problema, buscar ayuda profesional y realizar los cambios necesarios para que el problema desaparezca o se minimice.

   Para Roberto el proceso terapéutico pasaba por aprender a observarse, hacer los ejercicios que antes te he propuesto, y llevar un registro de conflictos diarios (fecha, hora, personas implicadas, su conducta y las consecuencias).

   Cuando volvió tras tres semanas de autoobservación y registro, me dijo “¡Joder! ¡Parece que estoy enfadado con todo el mundo todo el día! Normal que tenga problemas con la gente”. Por primera vez se había visto en un espejo tal como le veían los demás. Por primera vez se había escuchado como le escuchaban los demás. Y estaba dispuesto a admitir que tenía un problema y tenía que cambiar.

   Todos deberíamos estar dispuestos a admitir que no nos conocemos porque ni siquiera nos “miramos” ni nos “escuchamos”. Y admitir que tampoco conocemos a los demás, ya que normalmente nos limitamos a ver y oír cuando deberíamos MIRAR y ESCUCHAR, que no es lo mismo. El cambio está en la actitud de responsabilidad en el proceso. Si veo y oigo, soy un agente pasivo de lo que está sucediendo. Si, por contra, miro y escucho, soy parte activa del proceso, formo parte del mismo y, por lo tanto, soy parte responsable. Puedo pensar acerca del propio proceso, puedo observarlo, y puedo tomar decisiones conscientes y cambiarlo.

¡Feliz semana y ánimo con los ejercicios!

Sara