Volar a tu lado

Voy a volar alto

por encima de los campos,

de las flores más hermosas,

de los ríos caudalosos

y las montañas rocosas.

Voy a volar alto

para llegar a tu lado

y abrazarme a tu pecho

que palpita generoso

al son del tambor

del amor más verdadero:

mi amor por ti.

 

Fotografía y poema de Sara de Miguel.

Más allá del horizonte

Me apena mirarle a los ojos

y fingir no saber quien es,

quisiera volver a amarle

pero tengo miedo de sufrir.

Deseo ser suya de nuevo,

pero es mi reino el horizonte

y un cruel futuro me espera

donde acaso mi corazón deba morir.

No me quedan lágrimas para él,

pues no quiero dárselas,

más allá del océano de sus ojos

la esperanza es infinita.

La voz de mi alma

se alza en el cielo y canta

pero un lamento rompe mis alas:

es el poder del amor que grita.

Quisiera ver a través de los senderos del olvido,

cerrar los ojos y no despertar jamás

y entre sueños cautivos rememorar sus caricias,

sueños que lloran inquietos,

sólo sueños, nada más…

Le llevaré siempre conmigo

aunque sea solo entre recuerdos.

Evocaré su nombre en un cálido silencio

y cuando la imagen del espejo me sea desconocida

me encontraré a mí misma en los tristes anhelos

de los abrazos y besos

que quedaron perdidos en el pasado

cuando aún le quería.

 

Fotografía y poema de Sara de Miguel.

Sin querer

Me tropiezo contigo casi sin querer,

o debo admitir que quizá

siempre es queriendo.

Tropiezo con tus pies,

o te robo una mirada

como si fuera un ladrón furtivo

que no es digno de tu magia.

Me descuelgo por tus tirabuzones,

me enredo en el cielo esmeralda

de tu preciosa mirada,

o mi corazón palpita

y me laten hasta las entrañas

por unas pocas palabras

brotadas de tu boca tierna y delicada.

Y si emerge de tus labios una franca sonrisa

mi corazón brinca y se alboroza

como las flores recién nacidas

cuando el rocío del crepúsculo las abraza.

 

El dolor de tu ausencia

No puedo más que llorar como si tibias gotas de lluvia me inundaran

por el dolor de tu ausencia, pesado como una losa, porque jamás te he dejado de amar.

Hoy me duelen más que nunca todas las sonrisas que han brotado de mi boca desde que no estás.

En ocasiones pienso que cuando me siento feliz, aunque sea por un instante

es tan solo una ilusión, nunca una realidad, porque sin ti es imposible la felicidad.

Y me siento culpable por cada risa vivida porque no ha sido a tu vera,

y me siento inmensamente triste porque contigo no he podido compartirlas.

Y siento el vacío más intenso porque a cada segundo que pasa se desdibuja tu recuerdo

y se me resquebraja la voz porque la tuya apenas es una reminiscencia.

Y añoro ser cómplice de tus locuras y que tú fueras el de las mías.

No quiero que desaparezcas, no quiero, no puedo, perder tu recuerdo.

Deseo con tanta fuerza que sigas a mi lado que a pesar de ausencia

me aferro a ella como si en ello se me fuera la vida entera.

Por eso recurro a las palabras:

porque el día que no me quede memoria, o el día que yo ya no esté,

quiero que sigas existiendo aunque sea en forma de versos mal rimados.

Deseo que no desaparezcas nunca pues en mi corazón y en mi alma

no hay amor más verdadero que el que te profeso a ti y a tu recuerdo.

Tienes una mirada

Me gustaría que las miradas de amor

tuvieran notificación como los mensajes:

“Tienes una mirada”.

Así sabrías cuántas veces me pierdo en tus ojos,

en el perfil de tu nariz,

en tus labios hermosos

y en la luz que surge de tu alma.

Sería increíble que supieras cuánto te adoro:

que por un efímero momento

supieras de mi afecto sempiterno,

tan eterno y tan etéreo

como la elocuencia de mis palabras.

 

Fotografía y poema de Sara de Miguel.

¡Feliz día!

 

Barco a ninguna parte

Me pregunto dónde van las palabras de amor que no se dicen.

Si se quedan en las miradas silenciosas de los enamorados,

o se embarcan en un venturoso viaje hacia ninguna parte.

Si se mueren como vetustas galaxias en las sonrisas mal disimuladas,

o surcan el mar embravecido de la incertidumbre.

Si desaparecen como en los trucos de magia

o arriban las orillas de exóticos parajes como tu cuerpo.

Me pregunto dónde van las palabras de amor que no se dicen:

si laten enfurecidas en el corazón hasta disiparse

o mueren en el cementerio del que nacen los versos de los poetas…

 

Fotografía y poema de Sara de Miguel.

¡Feliz día!

Amor secreto

montaña

He sobrevolado las cumbres más altas,

las cimas alejadas más de la civilización,

para esconder mi secreto entre sus recónditos parajes

entre las nubes de algodón.

Allí reposan ahora mis sueños:

besarte con ternura,

amarte con pasión

y quererte sin medida.

Quedará mi confidencia entre el cielo límpido

y la hermosa tierra,

allí donde no puedas ni imaginar

que mi corazón se debate

entre confesarse o callar,

entre el olvido o el embate…

 

Fotografía y texto de Sara de Miguel. ¡Feliz día!

 

Belleza perdida

Me miras pero no me ves.

Siento que pasan los días

y que ya no me admiras.

Hace tiempo que en tu alma

ya no se refleja la mía.

Hemos perdido el don de emocionarnos

con tan solo una mirada.

Recuerdo cuando percibía la pasión

en cada una de tus caricias,

cuando podíamos estar horas besándonos

sin importar el mundo,

como si fuéramos

los únicos enamorados del universo.

Ahora ya no tienes tiempo para abrazos de más,

ni para palabras hermosas,

no te quedan fuerzas para escuchar mis historias

ni contarme las tuyas.

Ya no me acunas en tu regazo

cuando tengo miedo o penas.

Ya no busco tu cariño

ni te doy todo el que siento

porque la costumbre

nos ha llevado

a no valorar

todo el amor que nos tenemos.

Me siento como una hermosa flor

sola y solitaria

que florece abatida

porque mi belleza no existe

si tú no la ves.

Belleza perdida por haber perdido

los únicos ojos que la veían…

 

“No dejes que la costumbre acabe con la llama del amor”

Poesía de Sara de Miguel y fotografía de Tomeu Mir.

 

Acto y palabra

Había una vez una fanática de las palabras.

El cariño y el afecto se retrataba en cada vocablo

que surgía a borbotones por el caudaloso río que era su boca.

Una noche, buscando inspiración en los caminos de un campo abandonado,

se perdió con la luna como única guía.

Le rescató un amable caballero que de palabras no entendía nada.

Su pasión eran los actos. Con sus acciones demostraba sus sentimientos.

Le dio calor con su cuerpo para que no sucumbiera en el frío del crepúsculo.

Le proporcionó agua para que no sintiera la sed,

y comida para que no pasara hambre.

Le regaló el cobijo de un árbol frondoso

para que apreciara la formidable hermosura del bosque.

Ella le agradeció sus magníficos cuidados con locuacidad,

como  entendía el mundo: con el vicio de las palabras.

Surgió el amor entre ambos,

pero las ambiguas discrepancias entre ellos

hizo surgir el temor al fracaso emocional.

Tardaron tiempo en reconciliar sus expectativas

pero comprendieron que no eran almas opuestas

sino complementarias.

El don del acto y el de la palabra

se unieron en un querer infinito

presente y futuro portentoso.

 

¡Feliz día!

Poema de Sara de Miguel e ilustración de jb70g.

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