No entres dócilmente en esa buena noche… (Dylan Thomas)

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El gran poeta y dramaturgo galés Dylan Thomas nos obsequió allá por los años cincuenta con un poema inquietante a la vez que imprescindible.

Son muchas las interpretaciones que se le dan a las palabras hermosas y melancólicas que recoge en estos versos llenos de fuerza. La mayoría coinciden en que es un poema dedicado a su padre enfermo, expectante ante su próximo fallecimiento.

Aunque quizá la interpretación más conocida es la que realizan los jóvenes alumnos de la clase de literatura de la película “Mentes peligrosas”, en la que (desde su visión relativa del mundo en el que se desenvuelven) leen en estas líneas una clara advertencia sobre los peligros de las drogas.

Para mí, desde la experiencia de los cuidados paliativos, supone una ambivalencia emocional, pues la lucha entre dejarse llevar por el ciclo natural de la vida finalizando en una buena muerte (dócil) y el espíritu de supervivencia por que las personas nos creemos imperecederas que transmite Dylan Thomas no puede dejarme indiferente. Me hace plantearme con el corazón en la mano cual es la buena muerte: la tranquila y aceptada (los sabios entienden que al final la oscuridad es lo correcto) o la enfurecida ante la muerte de la luz. Quizá sean las dos, o quizá no sea ninguna.

“No entres dócilmente en esa buena noche

Que al final del día debería la vejez arder y delirar;
Enfurécete, enfurécete ante la muerte de la luz.

Aunque los sabios entienden al final que la oscuridad es lo correcto,
Como a su verbo ningún rayo ha confiado vigor,
No entran dócilmente en esa buena noche.

Llorando los hombres buenos, al llegar la última ola
Por el brillo con que sus frágiles obras pudieron haber danzado en una verde bahía,
Se enfurecen, se enfurecen ante la muerte de la luz.

Y los locos, que al sol cogieron al vuelo en sus cantares,
Y advierten, demasiado tarde, la ofensa que le hacían,
No entran dócilmente en esa buena noche.

Y los hombres graves, que cerca de la muerte con la vista que se apaga
Ven que esos ojos ciegos pudieron brillar como meteoros y ser alegres,
Se enfurecen, se enfurecen ante la muerte de la luz.

Y tú, padre mio, allá en tu cima triste,
Maldíceme o bendíceme con tus fieras lágrimas, lo ruego.
No entres dócilmente en esa buena noche.
Enfurécete, enfurécete ante la muerte de la luz”.

 

 

7 comentarios sobre “No entres dócilmente en esa buena noche… (Dylan Thomas)

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  1. Hola Lord Jym, ciertamente la traducción que propones me parece más acertada, aunque no por ello podemos dejar de apreciar la belleza del mensaje y de la expresión de Dylan en prácticamente cualquier traducción de este texto tan magnífico y reflexivo.
    Te agradezco muchísimo la aportación, pues no hay mejor regalo que poder aprender algo nuevo y abrir nuestra mente a pequeños cambios en lo conocido para poder mirarlo con unos nuevos ojos de ilusión y de descubirmiento.
    Espero que en estos momentos tan difíciles a nivel mundial estéis bien.
    Un saludo afectuoso, Sara

    Me gusta

  2. Al igual que muchos, conocí este poema a través de la película «Interstellar» y desde entonces he buscado una traducción que le diera sentido a esas oscuras palabras; trabajo muy complicado debido al inglés tan peculiar que al parecer utilizaba este poeta.

    Por eso me ha agradado la traducción que has colgado en este post.

    No obstante siguen habiendo algunas expresiones extrañas, que sólo adquieren sentido cuando utilizas algunas de las acepciones alternativas que en inglés «arcaico» tienen esas palabras (p.ej., «bay» o «wave»).

    Me permito adjuntar mi propia traducción con estas interpretaciones alternativas que he recopilado:

    «No entres dócilmente en esa buena noche
    La vejez debería delirar y arder cuando se acaba el día.
    Enfurécete, enfurécete contra la agonía de la luz

    Aunque los sabios al final entienden que la oscuridad es lo correcto,
    porque sus palabras no hallaron destello alguno
    No entran dócilmente en esa buena noche

    Los buenos, que en su último adios (1) lloran vívidamente
    porque sus frágiles obras pudieron haber danzado bajo verdes laureles (2),
    se enfurecen, se enfurecen contra la agonía de la luz

    Los tontos, que atraparon en sus cantos al sol en su vuelo,
    y aprendieron, demasiado tarde, que con ello lo afligieron en su camino.
    No entran dócilmente en esa buena noche

    Los hombres graves, que cercana ya la muerte ven con cegadora claridad
    que los ojos obcecados pudieron brillar como meteoros y ser alegres,
    se enfurecen, se enfurecen contra la agonía de la luz

    Y tú, padre mío, ahí en la cima de la desolación,
    maldíceme, bendíceme con tu fieras lágrimas, te lo ruego.

    No entres dócilmente en esa buena noche.

    Enfurécete, enfurécete contra la agonía de la luz.

    (1) wave: gesto que se hace con la mano para decir “adios”
    (2) bay: arbusto de la familia del laurel, utilizado antiguamente para hacer coronas triunfales para los vencedores

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