Decir adiós

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   Cuando uno está enfermo de amor,

es difícil dejar marchar a quien amas.

Pero el viento susurra tibiamente en mi oído

que seguir adelante no tiene sentido,

el roce suave del adiós en mis manos

me enseñan un nuevo camino

en el que doy gracias por todo lo compartido

y me despido con cariño,

deseándote lo mejor,

pues no mereces menos que mis mejores deseos

y un respeto desmedido.

Así es como debería ser cualquier despedida:

con un tierno ósculo en la mejilla

y una enorme sonrisa

por lo vivido.

Fotografía y texto de Sara de Miguel.

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