Acto y palabra

Había una vez una fanática de las palabras.

El cariño y el afecto se retrataba en cada vocablo

que surgía a borbotones por el caudaloso río que era su boca.

Una noche, buscando inspiración en los caminos de un campo abandonado,

se perdió con la luna como única guía.

Le rescató un amable caballero que de palabras no entendía nada.

Su pasión eran los actos. Con sus acciones demostraba sus sentimientos.

Le dio calor con su cuerpo para que no sucumbiera en el frío del crepúsculo.

Le proporcionó agua para que no sintiera la sed,

y comida para que no pasara hambre.

Le regaló el cobijo de un árbol frondoso

para que apreciara la formidable hermosura del bosque.

Ella le agradeció sus magníficos cuidados con locuacidad,

como  entendía el mundo: con el vicio de las palabras.

Surgió el amor entre ambos,

pero las ambiguas discrepancias entre ellos

hizo surgir el temor al fracaso emocional.

Tardaron tiempo en reconciliar sus expectativas

pero comprendieron que no eran almas opuestas

sino complementarias.

El don del acto y el de la palabra

se unieron en un querer infinito

presente y futuro portentoso.

 

¡Feliz día!

Poema de Sara de Miguel e ilustración de jb70g.

El poder de la palabra

Palabras, origen de acuerdo entre las personas para expresarse y poder unirse con un objetivo común.

Palabras, fuente de caos en las lenguas que se dispusieron desde Babel, la torre que pretendía llevar a los humanos hasta el cielo.

El cielo alcanzado a través de las palabras que no hacen sino arrastrarnos al infierno de la confusión.

Palabras, concebidas para hacernos la vida más fácil.

Palabras. utilizadas con tanto yerro que nos hunden en el pozo de la desesperación.

Palabras que son mentiras premeditadas, mentiras piadosas, medias verdades y verdades a bocajarro.

Palabras que ilusionan.

Palabras que hieren.

Palabras no dichas.

Silencios que se clavan como estacas.

Palabras mal dichas.

Palabras dichas con buenas intenciones.

Palabras malinterpretadas.

Palabras que nos faltan para expresar lo que surge en nuestras cabezas y corazones.

Palabras que nos sobran.

Exceso de palabrería.

Ignorancia e inocencia.

Palabras mal usadas.

Palabras pensadas durante meses que luego no significan nada.

Palabras que surgen de las bocas inquietas, impulsivas, mal pensadas.

Palabras que no dicen nada y lo dicen todo. Libertad de expresión.

Palabras que dicen todo y no dicen nada. Libertad de interpretación.

Confusión en barquitos de papel llenos de garabatos que se deshacen en el agua.

Palabras como verdugos desalmados de causas perdidas.

Todos provistos de armas blancas en forma de palabra como filos de navaja

que hieren con alevosía o con el candor de la simpleza.

Cuánto daño por letras hiladas con forma de cañón  y artillería.

Batallas iniciadas, asesinatos a sangre fría, de emociones y sentimientos

por palabras mal comprendidas o, simplemente, no expresadas.

Quizá sólo una elucubración de una mente atormentada por demasiadas guerras perdidas

entre palabras y palabrería.

El poder de la palabra. El poder más extraordinario para hundir en la tristeza o la mayor alegría.

Y sólo son palabras…

 

Os recomiendo echar un vistazo a “¿Es el enemigo? La eficacia de comunicarte” para conocer y manejar el poder de la palabra.

Reflexión y fotografía de Sara de Miguel.

Ocaso

Y las palabras hermosas que son son el reflejo de tu afecto

se pierden ominosas en el camino que va de tu corazón a tu boca,

se enredan en tus rizos sin siquiera rozar el aliento que me alimenta

y dejan un vacío, triste y frío, entre nuestros cuerpos enrarecidos.

¡Tantos silencios innecesarios

y tantas palabras agonizantes antes de haber nacido!

Porque aquello que callas

es como los epitafios de las tumbas:

 cuando el amor muere

decirlo ya no tiene ningún sentido…

 

(Compartid todo lo bueno que sentís por las personas que amáis,

nunca se sabe cuando no podréis dejar de hacerlo).

Sara de Miguel

El amor en otoño

Dejé prendido en las hojas de otoño

un deseo todavía no cumplido.

Dejé olvidada en las piedras de la vereda

una sonrisa florecida y hermosa.

Dejé olvidada en el agua estancada

una mirada por ti enamorada.

He vuelto atrás deshaciendo mis pasos,

he regresado a aquel lugar mágico

en el que nació nuestra ilusión

y los árboles fueron testigos

de nuestros primeros besos.

De tu mano, tibieza singular,

recuperamos juntos los deseos,

las sonrisas, las miradas

y rehacemos nuestro amor

como si de un sueño se tratara.

Nada más tierno que la añoranza

cuando llega el invierno,

nada más cierto que nuestro afecto

en cualquier estación o tiempo.

¡Feliz domingo!

Sara

 

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