Eterno insatisfecho

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“Eres demasiado rubia”

dijiste cuando los rayos de sol veraniego se reflejaban brillantes en mi cabello.

“Eres demasiado morena”

dijiste cuando los copos de nieve se posaban con ternura en mis oscuras pestañas.

“Eres demasiado alta”

dijiste cuando, tumbados en la luna, posaste tu cabeza en mi cálido pecho.

“Eres demasiado baja”

dijiste cuando quise perdonar tu ausencia regalándote un beso.

“Eres demasiado delgada”

dijiste cuando una mala noche llorabas y te abracé para darte consuelo.

“Eres demasiado gorda”

dijiste cuando quise conocerte entrando por los resquicios de tu ombligo.

“Eres demasiado dulce”

dijiste cuando quise acariciar tus viejas y dolorosas heridas.

“Eres demasiado amarga”

dijiste cuando quise apartar tus miedos de mis sempiternas sonrisas.

Quise ser yo y no te pareció suficiente.

Quise ser quien tú querías que fuera y te pareció demasiado.

Ya no quiero ser nada que alimente tu ego.

Quiero distancia, quiero silencio, quiero olvidarte

porque nada cambiará aunque yo cambie.

Nada nos hará felices aunque yo te ame,

a tu lado sólo puedo esperar un futuro imperfecto

porque desbrozas sin piedad cualquier hermosa flor de esperanza

y hielas el manto acogedor del campo con tu falta de requiebro.

Te deseo al menos que tu búsqueda sea liviana y no un réquiem por un sueño.

Hasta nunca…mi eterno insatisfecho.

Extraído de “Komero”.

Fotografía de Tomeu Mir y poema de Sara de Miguel.

Garabato

Alguien me dijo hace poco que las personas son como líneas en un papel: pueden coincidir momentáneamente en el tiempo y en el espacio para volver a separar sus caminos, o pueden ser simplemente paralelas.

Y disiento, como no, y me enredo, y me ofusco. Pues las personas pueden ser como líneas, pero las líneas siempre pueden ser algo más que líneas según las manos que las dibujen.

Si dibuja un arquitecto, todo es lineal, todo tiene un sentido y una función. No se dibuja una línea innecesaria, ninguna línea se sale del proyecto preestablecido. Entonces es cierto: dos líneas sólo son paralelas o se cruzan, dos personas ni se conocen o coinciden por un breve período de tiempo y espacio. Todo se desarrolla en un blanco impoluto y en un negro azabache, puro contraste.

Y yo me pregunto, ¿es la vida arquitectura? ¿somos todos “líneas rectas”? ¿sólo hay un papel? ¿sólo hay una tinta?

Y mi respuesta es no. Si dibuja un artista, o un niño, o cualquier persona que no sea lineal, nuestra vida es un garabato, que se mueve por el espacio de un papel inabarcable, casi perpetuo. Nuestros colores ni siquiera existen en el arco iris, nuestro recorrido es indescriptible.

Comenzamos en cualquier punto del garabato entrecruzado de nuestros padres y el trazo es casi azaroso, y puede tener retazos lineales, retazos circulares, retazos indefinidos, puede tener vueltas atrás, iniciativas hacia delante, puede deslizarse sobre sí mismo y transitar momentánea o eternamente por los garabatos de las personas que conforman nuestras vidas. Puede ser de cualquier color, y puede cambiar de color o tener matices infinitos. Puede ser un garabato fuerte, débil, una sombra o un perfil. Puede ser todo lo que queramos que sea. Puede ser todo lo que los demás garabatos nos ayuden a ser. Puede ser todo lo que los demás garabatos nos limiten a ser.

Al fin y al cabo decidimos parte del recorrido, el resto es cosa de todos los que compartimos el mismo lienzo. Un lienzo que, aunque pueda parecerlo, no tiene un principio y un fin, no tiene márgenes. Y podemos asomarnos a los precipicios sin temor, pues mientras quede tinta, queda vida.

Así pues no me queda más que afirmar con rotundidad que las líneas de mi vida han sido, son y serán un garabato impreciso, incomprensible incluso para mí, son las de un proyecto que nunca acaba, que renace cada día, a cada hálito. Y no por ello será menos importante que el proyecto de un arquitecto, todo lo contrario, valdrá más, pues en la improvisación, en la capacidad de cambio, de lucha, de entusiasmo por la vida reside mi felicidad.

Soy el arte que se recrea en sí mismo. Soy el garabato de un niño en un papel. Soy la belleza de la incertidumbre de mi vida entrelazada con la incertidumbre de las de personas que amo.

Lo soy todo menos una línea.

Extraído de “9 Principios y ningún final”.

¡Feliz año nuevo y disfrutad de ser garabatos!

Sara de Miguel

Da las gracias a quien abrazas

Hace poco un desconocido en una situación peculiar me dijo una frase inesperada:

“Da las gracias a quien abrazas”

Y desde entonces no puedo quitármela de la cabeza.

En tan pocas palabras se destila tanta sabiduría que no puedo evitar hacer un sincero y emotivo homenaje a la frase.

Ser agradecidos es lo más hermoso que podemos hacer por nosotros mismos y por los demás. Nada más bonito que agradecer a quienes nos acompañan en nuestras vidas y nos apoyan en las insoldables batallas que libramos.

No puedo imaginar qué hubiera sido de mí sin las personas que me han escuchado cuando he necesitado hablar, me han protegido en mis momentos más vulnerables, me han estimulado en mis proyectos más personales, me han defendido en las situaciones más difíciles, han perdonado en mis errores y  me han querido por encima de mis defectos, valorando mis virtudes y amando cada recoveco de mi corazón.

No puedo imaginar ser yo sin mi historia y quienes la han vivido a mi lado, a pesar de que las circunstancias en ocasiones nos aleja (o nos obliga a alejarnos) de las personas que estimamos.

Soy más de abrazos que de besos.

Y mis palabras son un reflejo de la caricia que acompaña a cada uno de mis gestos. Esos gestos que, en mi utópica defensa del amor por encima del dolor y del olvido, procuro regalar cada día a las personas que conforman mi vida y que me acompañan cuando me asomo a los abismos del miedo, y me dan la mano con fuerza y cariño al llegar al precipicio. Si nunca caigo es por ellos.

Agradecida hago de las palabras no esperadas y tan bien recibidas mi caballo de batalla:

DA LAS GRACIAS A QUIEN ABRAZAS.

Qué guapa estás desde que vuelas alto

¡Qué guapa te ves desde que vuelas alto!

Desde que no conoces límites

y la imaginación es tu único horizonte.

¡Qué hermosura la de tu conciencia!

Límpida y cristalina como la nieve,

tranquila y sosegada como un atardecer.

¡Qué bonita te ves desde que te has desencadenado!

Has roto tus ataduras con el dolor y el pasado

has dejado marchar a las personas que te hacían daño.

¡Qué belleza la tuya, aleteando alegre y risueña!

Vuela, preciosa mariposa.

Vuela donde te lleven tus alas y tus quimeras.

 

 

Belleza inusitada

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La rosa más hermosa

enmudece en tu presencia

ante la belleza inusitada

de tu corazón y de tu alma.

 

¡Feliz fin de semana!

Fotografía y poema de Sara de Miguel.

 

El amor en otoño

Dejé prendido en las hojas de otoño

un deseo todavía no cumplido.

Dejé olvidada en las piedras de la vereda

una sonrisa florecida y hermosa.

Dejé olvidada en el agua estancada

una mirada por ti enamorada.

He vuelto atrás deshaciendo mis pasos,

he regresado a aquel lugar mágico

en el que nació nuestra ilusión

y los árboles fueron testigos

de nuestros primeros besos.

De tu mano, tibieza singular,

recuperamos juntos los deseos,

las sonrisas, las miradas

y rehacemos nuestro amor

como si de un sueño se tratara.

Nada más tierno que la añoranza

cuando llega el invierno,

nada más cierto que nuestro afecto

en cualquier estación o tiempo.

¡Feliz domingo!

Sara

 

Un hogar no es una casa

Un hogar no es una casa.

Es mucho más que eso.

Es un lugar especial donde las personas se sienten seguras y felices.

No es importante el tamaño, ni las posesiones ni el coste.

Hay casas grandes  y lujosas que no son un hogar,

y hay espacios pequeños y pobres

que contienen más calidez de la que se pueda imaginar.

La casa la conforman sus materiales y sus muebles.

El hogar lo conforman las personas.

Una casa la puede tener cualquiera que tenga dinero.

Un hogar sólo está al alcance de aquellos de gran corazón,

que comparten amor con su familia.

Si deseas un hogar no busques en inmobiliarias…

Rodéate de personas maravillosas y reparte cariño a raudales.

¡Feliz jueves!

Aquí y ahora

“… La lección que me regaló Juan Luis es que somos el tiempo que nos queda. Y somos los responsables de ese tiempo. Mi reflexión personal es que nosotros elegimos qué hacemos con él, a quién y a qué lo dedicamos. La vida no admite demoras. El tiempo que disfrutamos con nuestros seres queridos, haciendo las cosas que nos gustan, no admite aplazamientos. Porque algún día ya no habrá tiempo. Si quiero aprender a tocar la guitarra, a dibujar, a bailar, a cantar, a lo que sea que me guste, tengo que empezar hoy. Si quiero ir al cine, a los bolos o de excursión con mis hijos, es hoy. Si quiero amar, es hoy que debo amar enamorada, loca y apasionadamente. Si quiero ser feliz, es hoy…”

Extraído de “13 Almas”

¡Feliz jueves!

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