
Mano con mano
pasen días o pasen años.
Cultivando el jardín del amor
con cariño y alegría.
Florecer con amigos y familia
es el mejor de los regalos.
No dudes en dedicarle tu presente
a quien desees tener presente en tu futuro.
Psicología, literatura, poesía y música

Mano con mano
pasen días o pasen años.
Cultivando el jardín del amor
con cariño y alegría.
Florecer con amigos y familia
es el mejor de los regalos.
No dudes en dedicarle tu presente
a quien desees tener presente en tu futuro.

Qué palabras tan intensas y ciertas. Son fruto del gran pensador y poeta Alejandro Jodorowsky. Es el creador del Movimiento Pánico y de la controvertida Psicomagia. Dejando de lado las aplicaciones prácticas y su limitada cabida en la Psicología Científica, hay que reconocer que se trata de uno de los autores más influyentes en la literatura y poesía internacional contemporánea. Sus relatos y frases conllevan una indudable reflexión sobre la vida y la gestión emocional que hacemos de ella. Me quedo sin dudarlo con su capacidad única de exponer con extraordinarias palabras el milagro de las pequeñas cosas de cada día.
¡Feliz jueves!
Sara

¿QUIÉN CREÉIS QUE SOIS?
Y yo os pregunto
¿quién creéis que sois?
Irrumpiendo en mi vida
cual hermosa doncella
esperando un caballero
de brillante armadura
y gran valentía.
¿Quién creéis que sois?
Agitando mis sueños
con el vals de vuestras pupilas,
atravesando mi garganta
y arrebatándome el aliento
a cada sonrisa, en cada mirada.
¿Quién creéis que sois?
Robando los latidos
que ahora son vuestros,
que ya no siento míos,
ensartando mariposas aladas
que revolotean en mis entrañas.
¿Quién creéis que sois?
Tan bella
que sois indescriptible.
Tan resplandeciente
que deslumbráis
a quien os mira.
¿Quién creéis que sois?
Tan ardiente
que enarboláis en llamas
a quien osa acercarse.
Tan alegre
que la inocencia de los niños
os envidia.
¿Quién creéis que sois?
Para llegar y arrebatarme la vida,
que no puedo vivir sin vos,
y vivir con vos
es tamaña osadía
cual noble batalla.
¿Quién creéis que sois?
Enfrentándome a los monstruos
de mis peores miedos,
que no son más
que sentir que no estéis a mi lado
hasta el final de mi existencia.
¿Quién creéis que sois?
¿Sois quién merece
las preciosas rimas
de los grandes poetas?
¿Sois quién merece
los acordes rasgados
de las mejores baladas?
¿Quién creéis que sois?
¡Quién creéis que sois!
No sé para que le exhorto,
mi bondadosa dama,
si ambos tenemos la respuesta.
Sois la extraordinaria ama
de mi corazón y de mi alma.
Si te gusta lo que escribo puedes ver Mis publicaciones y mi Blog clicando en los enlaces.
¡Feliz semana!
Sara

De vez en cuando me gusta rebobinar. Meter la cinta de casete de mi vida en el reproductor y ver como el negro magnético gira en torno a las bobinas. Entonces puedo cerrar los ojos y escuchar la música inocente de mi infancia.
Recuerdos de familia. Jugando en el salón a indios y vaqueros, desmontando los sofás y usando las sábanas para hacer cabañas improvisadas en las que escondernos mientras las risas nos delataban. Pintando las paredes del salón o saltando encima de las camas.
Recuerdos del colegio. El olor a tiza en las aulas, la voz serena de mi maestra, el jaleo del patio entre vítores y deportes. El entusiasmo ante las vacaciones de verano. Los viajes y los libros. Recuerdo el tacto especial de los libros viejos cuando yo aún era niña. Siempre rodeada de páginas y más páginas llenas de historias y aventuras desde que tengo memoria.
Recuerdos de adolescencia. La sensación de saberlo todo y no saber nada. Las emociones intensas e incoherentes. El primer amor. El primer desamor. Las promesas de amistades eternas. El inconformismo social y político. La contienda contra el mundo por mis ideales. La búsqueda de mi yo. Mi propio laberinto. La mirada de mis ojos llenos del fuego en la lucha interna que supone la mocedad.
Recuerdos de juventud. Entre exámenes y trabajo, entre amores y amigos. Entre enfermedad y vida. El mejor recuerdo de mi existencia son dos pequeños bebés sobre mis brazos, con los ojos muy abiertos nada más nacer, como queriendo descubrir la vida.
Recuerdos de tantos años… Muchos me producen una sonrisa exultante, otros me producen tristeza o añoranza. Sentimientos ambivalentes que aprecio: todos y cada uno de ellos. Rebobinar me permite escuchar la música de mi propia vida, llena de aciertos y errores, llena de riesgos y de rutinas, llena de bailes brillantes bajo el sol, y otras danzas difíciles bajo la tormenta.
Rebobinar es un privilegio. Porque me recuerda que soy quien soy gracias a quien he sido y todo lo que he vivido. Rebobinar es maravilloso, porque todas las penas se tornan alegrías al ver crecer a mis pequeños, al vivir un amor pleno y consciente, al compartir mis días con mi familia y amistades, al poder seguir emocionándome ante una historia bien contada en cualquier libro, al disfrutar de escribir palabra tras palabra como si las letras corrieran por mis venas. Rebobinar es bailar mi pasado y mi presente, y gozar de cada movimiento. Sé que mi futuro será seguir rebobinando, aunque se rompa el equipo, aunque la cinta se desgaste, siempre tendré las notas musicales de todos mis momentos latiendo en mi corazón.
Rebobinar es estar en paz conmigo misma. Aquí y ahora.
Como dijo Horacio, Carpe Diem, aprovecha el día.
Como mejoró Mahatma Gandhi Vive como si fueras a morir mañana. Aprende como si fueras a vivir para siempre.
¡Feliz miércoles!
Sara

Había una vez una simiente que fue regada y cuidada con amor. Creció y creció hasta ser un fuerte y hermoso árbol. Tenía unas ramas altas y gruesas, unas hojas verdes y frondosas, y cada año despuntaba unas flores bonitas y relucientes.
Tiempo después otras simientes fueron sembradas, regadas y cuidadas con amor. Crecían y se convertían en fuertes y hermosos árboles. En conjunto formaban un fértil y precioso campo. Con los años el primer árbol empezó a envejecer. Su madera se agrietó, sus ramas se troncharon y sus hojas fueron muriendo.
Un atardecer paseaban dos amigos por el campo cuando pasaron junto al viejo árbol. Uno de ellos dijo:
– ¡Vaya árbol más feo! Está decrépito. Estropea el paisaje.
El amigo replicó:
– Donde tú ves un árbol feo y decrépito, yo veo un árbol que ha vivido muchos años, que su tronco ha soportado fríos inviernos y bochornosos veranos. Veo un árbol que, a pesar de haber perdido sus hojas y flores, ha aprendido a bailar con el viento una danza de vida que sólo los árboles veteranos llegan a conocer. Donde tú ves un árbol que estropea el paisaje, yo veo un magnífico árbol danzante.
– Los demás árboles son preciosos, dignos de ver. Ese me sigue pareciendo feo. – Criticó el primero.
El amigo, mucho más sabio, sonrió hacia el árbol. Se tomó unos minutos para observarlo con cariño. Llegado el momento adecuado contestó:
– Cada uno de nosotros ve hermosura en cosas diferentes. Es fácil ver la belleza en la juventud y la lozanía. Más difícil es valorar la belleza a medida que pasa la vida. No elegimos cómo nos afecta el paso del tiempo. Ni tampoco como nos ven los demás. Quizá algún día seas una anciano feo y decrépito. Quizá algún día los demás te vean así. Yo, simplemente, intentaré ser un magnífico anciano danzante.
¡Feliz semana!
Fotografía y texto de Sara de Miguel

– ¡Eres una hermana para mí! ¡Te quiero!
– ¡Tú para mí también! ¡Estaremos siempre juntas!
Esas fueron las declaraciones de amor y promesas de dos amigas en su inocente infancia. Como tantas y tantas declaraciones de amor y promesas que hacen las amistades o las parejas a lo largo de su vida, esperaban poder cumplirlas.
Pasaron los años y las experiencias. Pasó el tiempo y giró el mundo muchas veces. Ellas continuaron siendo amigas. Como hermanas. Había épocas que se escribían, llamaban y veían más, y épocas en las que las circunstancias las mantenía a una prudente distancia. No estaban juntas, pero tampoco demasiado lejos. Se preocupaban la una de la otra. Se respetaban y apoyaban. La sinceridad y el cariño siempre fue su bandera. Tenían hasta su propia banda sonora.
Un día amaneció marcado por el dedo señalador de la desconfianza y el malestar. Ninguna de las dos supo explicar qué había sucedido, pero ya no se sentían hermanas. Quizá fue el paso inexorable del tiempo que nos cambia y cambia nuestras relaciones. Quizá fue el girar del mundo que en ocasiones nos sitúa en lugares muy lejanos de las personas que amamos, aunque vivan a pocos minutos.
En el atardecer que las acercaba a los cuarenta años, una de ellas supo que por fin iba a ser mamá. La misma semana la otra sufrió un accidente con expectativas limitadas de vida. Pensaron la una en la otra: las dos noticias eran demasiado importantes como para no compartirlas. Pero había pasado el tiempo y había girado el mundo, tanto que se sentían mareadas y perdidas. Ninguna hizo nada.
El día que una daba a luz un precioso bebé que tenía todo el tiempo y el mundo en sus manos, la otra moría en un lecho de tristeza y silencio acompañada de su familia, pero sin su hermana de corazón.
La emocionada mamá al día siguiente llamó a su amiga, su hermana, la persona a quien siempre había amado y que añoraba. Nadie contestó su llamada.
Elige bien a qué y a quién dedicas tu tiempo, y con quién compartes tu mundo.
Porque el tiempo sigue su curso. Porque el mundo sigue girando.
¡Feliz semana!
Sara
«Camina así, habla así.
Camina así, habla así.
Camina así, habla así.
Camina así, habla así.
Ah, tan solo bésame…»
No puedo evitarlo: Aerosmith me enloquecen. Me enloquece su música, sus letras, su desparpajo y su intensidad sobre el escenario. Tuve la oportunidad de disfrutar de su directo hace unos años, y a pesar de que mis expectativas eran limitadas porque esperaba un concierto light plagado de las canciones más populares y poperas, me sorprendieron con una energía y un dinamismo propio de unos músicos con rock del bueno corriendo por sus venas. Simplemente espectacular.
Con Aerosmith hay que cantar y bailar hasta quedar exhausto. Es lo que se merecen. Aquí os dejo una colaboración con Run-DMC que me parece divertida y vital.
¡Feliz fin de semana!
Sara

Una persona muy cercana a mí y a quien quiero mucho lleva sufriendo bastante tiempo. Viendo que las circunstancias le superaban y que presentaba síntomas de estado de ánimo deprimido y de ansiedad le recomendé que solicitara la ayuda de un profesional de mi gremio. Acudió a su seguro privado y le derivaron a una psicóloga. Aplaudo la decisión de esta persona de reconocer que tenía un problema, buscar ayuda y acudir a un especialista para mejorar.
Ha ido en tres ocasiones a consulta con la psicóloga que le asignaron. Cual es mi sorpresa cuando ayer le pregunto qué tal le va la terapia y me dice que no muy bien, que la psicóloga se limita a escuchar lo que le quiera contar y que en la última sesión le dijo «Cuando dejes de tener problemas ya mejorarás».
Me siento profundamente indignada. Un psicólogo no es una oreja. Ni un hombro en el que llorar. Para escucharnos y para llorar podemos acudir a cualquier familiar o amistad de confianza. Un psicólogo lo último que hace es utilizar la falacia de «cuando dejes de tener problemas ya estarás mejor». Me avergüenza esta actitud.
Me resulta inmoral y falto de ética que una psicóloga se limite a decir una obviedad como que las personas se encuentran mejor cuando desaparecen sus problemas. Para colmo, hay dos errores de base en su afirmación: el primero es que nunca, nadie, está exento de problemas. Por desgracia siempre ocurren cosas que nos afectan o nos hacen sentir tristes, apenados, enfadados, angustiados o nerviosos. Lo segundo es que si uno tiene problemas y es lo suficientemente inteligente y valiente como para pedir ayuda, lo que espera es precisamente eso: ayuda y apoyo para afrontar lo que le sucede y le genera malestar. El paciente es una persona que desea tomar un papel activo en su vida y modificar lo necesario para mejorar. No es un ser pasivo que tiene que quedarse esperando a que cambien las circunstancias para poder mejorar.
Un psicólogo es un profesional formado en la ciencia de la conducta y de los procesos psicológicos y emocionales de las personas. Como tal debería hacer una evaluación biopsicosocial de su paciente, elaborar un análisis funcional de la conducta identificando los problemas y los factores de vulnerabilidad, factores desencadenantes, protectores y agravantes, y factores de mantenimiento de dichos problemas. Finalmente, debería hacer una propuesta de terapia que incluyera la formación y entrenamiento en estrategias de afrontamiento, especialmente de problemas de los que que depende la solución del paciente, y de emociones asociadas, en el caso de que la solución de los problemas que le afligen no dependan del paciente. Cualquier otra acción es pura charlatanería. Por muy catártico que resulte contar todos tus problemas a otra persona, no deja de ser hablar, y sin actuar y hacer cambios en uno mismo (a nivel psicológico, emocional y conductual) que repercutan en nuestro entorno y en nuestro afrontamiento activo del día a día, no sirve de nada ir a un/a psicólogo/a.
Es como ir al hospital porque te ha atropellado un coche y te ha roto una pierna. Si el médico se limitara a escucharte y decirte que cuando todos los conductores del mundo sean responsables y cuidadosos ya mejorarás, seguramente lo denunciarías por mala praxis. Pues esta psicóloga y todos los miembros de mi gremio que actúan de semejante manera merecen esa denuncia y nuestro rechazo como profesionales, ya que no lo son. Esto no significa que no haya profesionales extraordinarios en la psicología, ni que no hayan sesiones más que necesarias dedicadas a escuchar a los pacientes, pero no nos limitemos a hacer psicología de oreja y hombro, o psicología de pacotilla, es un insulto hacia el paciente y hacia la propia psicología.
Espero que mi reflexión, dura pero necesaria, no ofenda a nadie, ya que se trata de abordar una realidad que nos genera un problema añadido en una sociedad en la que sentirse bien con uno mismo y las propias circunstancias es complicado. No es de recibo que a quien se acude para resolver situaciones y problemas, nos produzca indefensión y abandono.
Por supuesto, aprovecho para felicitar a todos aquellos psicólogos y psicólogas que se dejan la piel por y para sus pacientes, que son muchos, y merecen nuestro reconocimiento y más sincera admiración.
¡Feliz miércoles!
Sara

Celebra.
Simplemente
celebra cada día,
cada minuto,
cada instante
que estás vivo
y respiras.
Aprovecha para gritar,
correr,
saltar,
bailar,
cantar,
escribir,
leer,
abrazar,
besar,
sentir,
emocionarte,
amar
y vivir.
Celebra la vida.
Esta es la tuya.
Vívela
sin excusas,
y sin miedos.
Celebra tu vida
cada momento.

Os presento mi nuevo libro «¿Es el enemigo? La eficacia de comunicarte», una experiencia a través del contacto con uno mismo y las personas de tu entorno a través de la comunicación eficaz.
La comunicación es el pilar básico de quiénes somos, qué hacemos y cómo lo hacemos, pues en ella se fundamenta la relación con nosotros mismos y con los demás.
Las siguientes páginas son un contacto con el enemigo, que no es más que una mala comunicación contigo mismo y con las personas que te rodean.
Para aprender a comunicarte de una manera eficaz en este libro encontrarás una explicación de los conceptos más importantes, ejemplos cotidianos y ejercicios para practicar.
Este libro va más allá de la comunicación. También versa sobre las personas, la vida y nuestra actitud hacia ellos. Te voy a contar lo que nunca te han contado. Espero que disfrutes leyéndolo tanto como yo escribiendo cada línea. Coge el libro… Es el enemigo.
Podéis encontrarlo en Amazon.es en formato ebook en el enlace ¿Es el enemigo? y en formato tradicional en el enlace ¿Es el enemigo?
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¡Espero que os guste y que lo disfrutéis!
Sara