Exótica

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Eres como una flor exótica:

diferente, rara, única y especial.

Quizá por eso me gustas,

quizá por eso tu visión me encandila

y me hace inmune a las desgracias

con tal de disfrutar de tu hermosura.

Me devuelves la sonrisa

tan sólo con una sonrisa tuya…

¡Feliz martes!

Fotografía de Tomeu Mir y poema de Sara de Miguel

Corazón helado

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Un corazón helado exige amor

bajo amenazas y dolor.

Un corazón aterido exige amor

revindicando su bienestar

por encima de los demás.

Un corazón sincero y cálido

comprende

que el amor se recibe

en la medida en la que se da.

¡Feliz miércoles!

Sara

Poesía para Sara

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«Un deseo.

Dos abrazos.

Tres miradas.

Cuatro pasos.

Cinco emociones.

Seis sueños.

Siete caricias.

Ocho promesas.

Nueve besos.

Diez favores.

Once años

Doce poemas.»

Estas hermosas palabras me han dedicado dos niñas de once años. En ocasiones como esta me siento realmente orgullosa del calado de la poesía en los jóvenes. Me siento emocionada y feliz caminando entre la naturaleza más humana y especial del mundo.

Gracias a L y L por regalarme palabras llenas de cariño. Gracias por hacer sonreír a mi alma.

¡Feliz lunes!

Sara

Equilibrio

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Había una vez una anciana que vivía en las afueras de un pequeño pueblo, a los pies de una montaña. Vivía con su marido, un hombre muy mayor que cuidaba de ella, y recibían con frecuencia la visita de su gran familia, que ya contaba con siete hijos, sus parejas y sus más de veinte nietos, que vivían todos en el mismo pueblo.

Toda su familia la adoraba, porque a pesar de padecer muchas enfermedades, siempre sonreía y era amable y cariñosa con todo el mundo.

Por las tardes la anciana se sentaba en un banco de madera, bajo la sombra de un cerezo, y observaba la animada actividad de su familia más abajo, en sus casas del pueblo. A pesar de encontrarse cada vez más débil, y a pesar de las peticiones de sus seres queridos de que descansara en vez de esforzarse por ir hasta aquel ajado banco, se aferraba a esa costumbre.

Una tarde de otoño, con un tibio sol y hojas doradas que cubrían el suelo, el nieto más pequeño de la anciana, que apenas contaba con doce años, se acercó hasta el banco y se sentó junto a su abuela. La anciana le sonrió con amor y le cogió la mano. El joven se abrazó fuertemente a su abuela y le dijo:

“Abuela, aunque siempre estás muy enferma y mamá me ha dicho que no te tengo que molestar, quiero decirte que te quiero mucho porque eres la mejor abuela del mundo.”

La anciana sonrió con los ojos anegados en lágrimas de alegría. Entonces el pequeño le preguntó:

“¿Por qué siempre sonríes aunque estás tan enferma?”

Entonces la anciana le cogió las dos manos entre las suyas, le miró fijamente con ternura y le explicó:

“Te voy a contar un secreto. Es un secreto muy antiguo, pero creo que debes saberlo. Hay una Energía natural limitada en el mundo, de la que deriva un equilibrio de vida y muerte que mantiene estable esa energía. Hace cientos de millones de años hubo una época en la que los Dioses dieron a los humanos la capacidad de mantener el equilibrio de Energía, y podían elegir quienes podían vivir y quienes debían morir. Cuando un hombre o una mujer eran dignos de admiración por sus actos morales, se perpetuaba su existencia. A su vez, cuando un hombre o una mujer realizaba actos corruptos, enfermaban y morían. Las decisiones eran fáciles, ya que únicamente se consideraban poco éticos los comportamientos que intencionadamente dañaban a otras personas en beneficio propio.

Con el tiempo la definición de ética y moral se fue complicando. Las causas de los castigos de muerte generaban conflictos entre los humanos que debían decidir, y entre los propios Dioses a los que recurrían para asesorarse. Incluso hubo personas que se percataron de que si se comportaban en los límites de la moralidad, eran castigadas con enfermedades que no eran mortales, y aprovechaban esta circunstancia. Se comenzó a confundir la libertad de elegir los propios valores morales, con el libertinaje de hacer cualquier cosa que diera lugar a embarullo ético.

Entonces los Dioses decidieron quitar a los humanos el poder de mantener el equilibrio entre la vida y la muerte, el equilibrio de la naturaleza. Al no encontrar ningún criterio claro para poder ejercer su responsabilidad de mantener la Energía, decidieron que la enfermedad y la muerte serían aleatorias.

Desde entonces, así ha sido. La enfermedad y la muerte son aleatorias. No hay una causa, ni una responsabilidad, ni una justificación para ninguna de las dos. Las personas enferman y mueren aleatoriamente, sean buenas o malas. La única diferencia entre ambas reside en la paz de su conciencia al morir.

Por suerte, aún quedamos algunos descendientes de los primigenios humanos que podemos decidir sobre el equilibrio de la Energía. Pero somos muy pocos, y podemos afectar únicamente a las personas más cercanas.

Yo soy una de ellas. No puedo decidir quien vive o quien muere, pero puedo asumir las enfermedades las personas que quiero y que se portan bien. Para mi inmensa suerte, toda mi familia sois personas maravillosas, que os cuidáis unos a otros, y que os preocupa más el bienestar de vuestros seres amados que vuestro propio bienestar. Así que hasta que la muerte me llegue, hace mucho, mucho tiempo que decidí asumir todas vuestras enfermedades. Por eso siempre sonrío, porque sé que cada síntoma, cada dolor, cada pesar, cada cansancio o malestar físico, no es más que un síntoma, un dolor, un pesar, un cansancio y un malestar que no tenéis uno de vosotros. Sonrío porque soy feliz con vuestra felicidad.”

El joven, con una sonrisa llena de asombro y admiración, volvió a abrazar a su abuela, y repitió:

“Eres la mejor abuela del mundo.”

Extraído de «9 Principios y ningún final»

¡Feliz jueves!

Sara

Mariposas en el alma

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Tan sólo una mirada tuya

y mil mariposas 

de colores infinitos

revolotean alborozadas

por los confines de mi alma.

Fotografía y poema de Sara de Miguel.

¡Feliz miércoles!

En clave de Fa

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Ay Amor,

te quedaste a mi lado

y me recogiste en tus brazos

cuando caía desfalleciente

de tantas poesías

sangradas por los dedos de las manos.

Y en clave de Fa

meces mi cuerpo

como si fuese

un extraordinario instrumento

de cuatro cuerdas

y profundo arpegio.

Con dulces caricias

arrancas de mi alma

hermosas baladas

desde la cuarta línea

del pentagrama.

Asiento en desnuda calma

a tus bastos ingenios

y con alborozado esparcimiento

pintamos de verde esperanza

las sonrisas de los ángeles que habitan en el cielo.

Cual can fiel y agradecido

permanezco tumbada a tu lado

a sabiendas que nuestro amor

atracará en el puerto del mañana

y en el de para siempre, pasado…

¡Feliz lunes!

Fotografía de Tomeu Mir y poema de Sara de Miguel.

La familia según Buda

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«Una familia es una relación entre varias mentes diferentes.

Si esas mentes se aman entre ellas,

el hogar será tan bonito como un jardín de flores.

Pero si esas mentes no viven en armonía,

será como una tempestad que arrasa el jardín.»

Frase de Buda. Imagen de Sara de Miguel.

¡Feliz lunes!

The Wheel Spins Again

La rueda vuelve a girar… Sempiterna. Entropía. Movimiento. Naturaleza. Música. Vida. Lucha. Sonrisa. Felicidad.

Emociones increíbles que me embargan con la música folk de No Room.

Un EP imprescindible y un directo que desborda profesionalidad y magia.

Escúchalos en Spotify.

¡¡¡ Disfruta de la buena música y feliz lunes !!!

Sara

Encerrado en tu ausencia

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Y dices que eres humana,

cuando al inhalar el perfume que desprendes

quedo sin aliento.

Eres un indómito paraje de belleza

exento de fruslería.

Hechizado me hallo

pues alojada tu brujería en mi seno

me encierra tu ausencia

en torres imposibles de derrocar.

Efímero alijo de calor

cuando tus ojos absortos

atisban el horizonte

y me señalan inocentes

el sendero que conduce

a mi triste y austera alma,

en firme reyerta

por abandonar toda atalaya

y alcanzar el singular

clamor de tu sonrisa

que el mar divisa

cual faro en la tormenta.

Eres el amor imposible,

la pasión desalojada de mi lecho,

la emoción deshojada de mi pecho.

Me desairo y resplandezco en mi osadía

de reclamarte como mía

cuando sólo a ti te perteneces,

cuando sólo perteneces a la vida misma.

Y no puedo poseerte,

poseer la mayor de las riquezas,

en mi mortalidad e indolencia.

Lloro tu ausencia

aún sabiendo que rompe

el cielo de mis entrañas,

embravece el mar de mi alma

y arde en fuego mi corazón.

Quedo encerrado en mi torreón

de miseria, tristeza y desasosiego

por no tenerte cerca,

por no sentirte aquí,

a mi lado.

Inconcebible pesadumbre

que por no tenerte

encerrado de pena mi esencia desfallece…

¡Feliz miércoles!

Poema y Fotografía de Sara de Miguel

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