Cuando todo acaba

Hay muchas cosas que acaban a lo largo de la vida. En ocasiones se pierden o dejan trabajos, se pierden o dejan amistades por el camino, y se pierden o se dejan relaciones.

Tendemos a vivirlo como un fracaso, a sentir ira, enfado y frustación porque no es lo que querríamos, o sentir una tristeza tan inmensa (por lo que podría haber sido) que nos bloquea y afecta a todos los niveles.

Si fuéramos capaces de cambiar de perspectiva y vivir estas situaciones como un proceso, una parte más de nuestras vivencias con su parte negativa y su parte positiva, nos ayudaríamos y ayudaríamos a los demás a seguir adelante cuando todo se acaba.

Dejarnos sentir las emociones inherentes a la pérdida y vivirlo con la naturalidad que le es intrínseca… Y de esta manera darnos permiso para volver a caminar nuestro sendero en la vida y abrirnos a las nuevas posibilidades que se nos presenten.

Los cambios y las pérdidas forman parte de nuestra existencia. Aceptarlos y centrarnos en lo que puede venir y no lo que se fue nos ayuda a continuar y afrontar las dificultades que suponen.

Cualquiera de nosotros que mire atrás verá con otros ojos lo que en su momento fue un tránsito, quizá traumático, con el que a la larga hemos aprendido a convivir y del que, sobretodo en las separaciones, nos ha brindado la oportunidad de rehacer nuestras existencias incluso con felicidad.

Cuando todo se acaba nos queda lo bonito que nos regaló el pasado y las alegrías que nos deparan el futuro.

¡Feliz día!

Fotografía y texto de Sara de Miguel.

 

Lloveré

Lloveré desde las entrañas

hasta empañar el cristal que oculta mi alma.

Inundaré el pozo de nuestros recuerdos

hasta reducirlo a fría escarcha.

Si te vas no quedará nada:

el vacío inmenso

de tu ausencia en mi universo.

Lloveré si te vas

y no veré nada

más que gotas llovidas

de mi corazón

que ahogarán nuestro futuro

en agua cristalizada…

Fotografía y poema de Sara de Miguel

¡Feliz fin de semana!

Traición

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Entre las rocas, varado, me hallo.

Sin esperanza alguna que no sea la de olvidar tus encantos.

¡Pensar que algún día estuve de ti enamorado!

Cuan hermosa es la adoración de quien nos parece todo ternura,

y qué triste la decepción de saber de tus engaños.

¡Recordar que dijiste que me amabas!

Cuánto dolor desgarrado en mi costado

por tus puñaladas viles y egoístas

que no responden más que a tu ambición desmedida.

Dices que era amor cuando tan sólo fui un capricho,

un juguete entre tus manos traidoras y tu alma vacía.

Verte marchar tras haberte dado la mano en los tropiezos del camino,

tras haberte abrazado y cuidado en las peores lides sobrevenidas.

Verte marchar porque has decidido empezar una guerra

en la que dices ser víctima y no eres más que verdugo

sin que mis palabras y mis actos tengan transcendencia alguna.

Me siento triste y desangelado ante tan aciago destino:

el de aceptar que no me amaste,

pues quien ama no daña a la persona amada

por ganar trofeos que al corazón no engañan.

Aquí permanezco, entre el cielo y la arena,

hasta que el tiempo consuma el poco amor que por ti me queda…

Fotografía y poema de Sara de Miguel

Aciaga despedida

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En la letanía de este atardecer solo el vetusto silencio de la despedida me acompaña.

Sé que estás cansado y deseas caer en los cálidos brazos de Morfeo.

Mis emociones te sobran. Son un pesado fardo en tus párpados.

Ahora dormitarás cual bebé neonato,

incapaz de rememorar que instantes antes del alumbramiento habitaba en otro cuerpo.

Mientras yo busco en mi regazo el tibio último ósculo de nuestro afecto desorientado.

Quisiera conocer las causas de la derrota,

que me sacuden como si fuera un bajel a la deriva.

Las heridas del corazón siempre sangran a borbotones,

dejando un oscuro y triste borrón en la historia. En esta historia.

En la historia de todas las historias: la nuestra.

Es tarde para compadecerse porque nuestro cariño se malograse.

Es tarde para arrepentirse de las palabras de amor consabidas y no mencionadas.

Ya no puedo ofrecer el entusiasmo del viajero que descubre un nuevo mundo,

un nuevo y deslumbrante camino que le hechiza y le cautiva,

como fue descubrir cada uno de tus rincones hermosos y coloridos .

Ya no puedo luchar en guerras dialécticas habiendo perdido todas las batallas.

No queda esperanza para esta alma impía de pasión y adulación por ti.

Embelesada por tu reino de frialdad emocional he desfallecido en las heladas.

Y todo cuando aún creía haber conquistado al soberano,  por un efímero momento de

miradas cruzadas mientras nuestros cuerpos ardientes se entrelazaban.

No puedo llorarte más.

No quiero seguir ahondando en mis vacíos. Los que tú has dejado.

Absorta en un recuerdo fugaz de felicidad renuncio a todo.

Volveré a empezar mi camino,

este camino empedrado que me tuerce los tobillos

al intentar mostrarme firme ante tamaña adversidad: olvidarte.

Cuando finalice prometo no molestar.

Me habré encontrado a mi misma

y ya no necesitaré tus manos como mi brújula incrustada de futuros infinitos.

Cierro los ojos y declaro en estado de cuarentena permanente mi romanticismo

porque sin ti no tiene sentido.

Por favor, no vuelvas a dolerme.

No vuelvas con palabras urgentes como manos de cirujano torácico en una operación a vida

o muerte.

No has sabido alentar mis latidos.

No me robes más que bastante difícil es mantener el aire circulando en mi cuerpo

sin que se me acabe la vida en esta aciaga despedida.

¡Feliz martes de poesía!

Sara

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