
A veces sonríes con la mirada,
con una sonrisa preciosa:
dulce y aniñada,
inocente y feliz.
Es entonces,
durante esos breves segundos
en los que no necesito
ni ver tus labios
para saber que sonríes,
que me siento
realmente afortunada.
Como siempre te digo:
si te vieras con mis ojos
no tendría ningún poema que escribirte,
y es cuando me sonríes con la mirada
cuando más cierto es
que para escribir poesía
no hacen falta palabras…
¡Feliz día!
Poema de Sara de Miguel y fotografía de Tomeu Mir.