Microscopio I: la mirada

   Si en el capítulo anterior cogimos el bisturí, ahora cogemos también la lupa. Ya que diseccionamos los comportamientos comunicativos, vamos a ponerlos bajo el microscopio.

   El primer comportamiento comunicativo, y quizá uno de los más significativos, es la MIRADA. ¿Quién no ha “dicho” o le han “dicho” mil cosas con la mirada? La forma de mirar es, en sí misma, todo un acto comunicativo. Y el tiempo que mantenemos la mirada a otra persona es muy importante. Imagina que te encuentras con un conocido en la calle y entabláis una conversación trivial, nada importante. ¿Cuánto tiempo del total que dura la conversación crees que debes mantener la mirada fija en sus ojos? ¿Un cien por cien mirando fijamente todo el tiempo? ¿Un diez por ciento mirando más hacia los alrededores que a la persona en sí?

    La respuesta más adaptativa es un margen entre el 40% y el 60% del tiempo total de la conversación. Esto es así porque si miramos fijamente mucho tiempo a los ojos a otra persona, o nos miran fijamente de esta manera, genera incomodidad, se percibe como un acto de agresión. ¿No te ha pasado alguna vez que te miran tanto y tan fijamente a los ojos que parece que te están “atravesando”? ¿No te ha resultado incómodo? Y si miramos poco, o nos miran poco, dedicando más atención a los alrededores, la impresión es de distracción o poco interés por la persona o la conversación. ¿No te ha pasado alguna vez que estás hablando y la otra persona esta mirando hacia otro lugar y has pensado que no te está prestando atención o no le interesa lo que le estás contando? Si deseas evitar generar estas sensaciones con tus interlocutores, debes saber que lo ideal en una conversación estándar es mirar aproximadamente la mitad del tiempo a los ojos, y alternar la otra mitad mirando alrededor del rostro y los hombros. Chiste malo, especialmente dirigido a las mujeres y hombres más indiscretos: “rostro y hombros”, mirar más abajo, véase escotes, no sólo genera incomodidad, sino que también genera rechazo (emoticono de guiño y sacar la lengua).

   Volviendo a ponerme seria, fíjate en las próximas conversaciones que tengas. Te darás cuenta de que mirar aproximadamente la mitad del tiempo a los ojos y la otra mitad, alternando, al rostro y hombros, lo hacemos espontáneamente, casi siempre. Sin embargo, no está de más prestar atención a un pequeño y gran detalle como es el tipo de impresión que queremos generar a la persona con la que hablamos a través de nuestra mirada, que va desde la “agresión” al “pasotismo”, teniendo un término medio que es el “interés”.

¿Crees que la mirada es importante? ¿Observar cómo miras y te miran?

¡Feliz semana!

Sara

Bisturí II: ejercicios

   Este es el momento de preguntarte ¿cómo puedo ser un buen comunicador? Si yo he sido buena emisora, comprenderás que la respuesta a esta pregunta es bastante complicada. Por ello, vamos a continuar con la disección que estamos haciendo a la comunicación.

   Empecemos con los mensajes. En una conversación cotidiana, cada mensaje que emitimos o recibimos consta de tres partes igualmente importantes:

    • Qué se dice. Es el lenguaje verbal, las palabras que utilizamos para expresar la información.

    • Cómo se dice. Son los aspectos que los expertos llaman paraverbales, y que acompañan a lo que se dice. Son ejemplo de ello el volumen o la entonación cuando hablamos, o los signos de puntuación (exclamación, interrogación) cuando escribimos.

    • Qué se hace con el cuerpo. Es el lenguaje corporal y gestual. El cómo se dice y qué se hace con el cuerpo. Hoy en día también se refleja en los emoticonos que utilizamos en las redes sociales.

   En este punto te propongo un ejercicio muy interesante que te puede ayudar mucho a entender estos conceptos y a comprobar cómo nos afectan en nuestra vida cotidiana. Para que comprendas la importancia del ejercicio, me gustaría que te plantearas estas preguntas: ¿te has parado a pensar alguna vez que durante todo proceso comunicativo presencial con otras personas tú ves a los demás, pero no te ves a ti mismo? ¿Sabes cómo eres comunicando? ¿Sabes cómo transmites tus mensajes como emisor? Probablemente la respuesta a todas ellas sea que no.

   El ejercicio consta de tres partes. En la primera te tienes que poner frente a un espejo mientras ejercitas diferentes expresiones faciales y gestuales. Por ejemplo, ponte frente al espejo y cuéntale a tu imagen algo muy triste que te haya sucedido. Después, en otro momento, u otro día, cuéntale a tu imagen algo muy alegre. Así con diferentes recuerdos que se refieran a diferentes expresiones emocionales (miedo, sorpresa, asco, enfado, etc.). Procura dedicar tiempo al ejercicio, ya que, aunque parezca absurdo, nos cuesta mucho mantenernos mirándonos en el espejo a nosotros mismos durante un tiempo prolongado. La primera vez que lo hagas y realmente te observes y te “hables”, puede que sientas incluso vergüenza, porque no estamos acostumbrados a la sensación de autoobservarnos. Es importante que en el ejercicio utilices recuerdos muy intensos, porque de esta manera se activan las reacciones habituales de tus comportamientos comunicativos. Este ejercicio te ayudará a ver lo que los demás ven cuando te comunicas con ellos: qué caras pones y cómo gesticulas o te mueves.

   La segunda parte del ejercicio es similar a la primera, pero en este caso deberás grabar tu voz (lo puedes hacer a la vez que el primero) en cualquier dispositivo (por ejemplo, un teléfono móvil te puede servir, que actualmente todos llevan incorporada una aplicación de grabación de voz). Consiste en lo mismo que el ejercicio anterior, relatar recuerdos emocionales intensos diferentes, y, en este caso, después escucharte. Seguramente cuando te oigas a ti mismo, o misma, en la grabación, te cueste reconocer tu voz. Esto se debe a que cuando hablamos lo que oímos nosotros mismos y lo que oyen los demás es diferente debido a que una persona no solo oye su propia voz, sino que también oye la resonancia que provoca en su propia caja torácica, lo que la distorsiona y proporciona una versión de la propia voz alterada. Para una buena realización del ejercicio es importante que en el relato de los recuerdos emocionales dejes fluir la entonación y el volumen para que puedas detectar los cambios que realizas según el contenido de tu mensaje y, sobretodo, lo que los demás escuchan cuando tú hablas.

   Estos dos ejercicios, observarte y escucharte, deben hacerse con frecuencia. No sirve hacerlo una vez en la vida, ya que a medida que te suceden cosas y acumulas experiencias, cambias tú y tu manera de expresarte. Por lo tanto, lo que has observado y escuchado en una ocasión, con el tiempo puede haber cambiado, y si no te observas y escuchas de manera habitual, dejas de “conocerte” como comunicador o comunicadora (y como persona en general).

   La tercera parte del ejercicio es que, ahora que ya has “entrenado” a tus ojos y oídos a observarte y escucharte a ti mismo en una serie de situaciones simuladas , te observes y escuches en la vida cotidiana con detalle. Aprovecha las situaciones sociales de cada día para conocerte a ti mismo como comunicador, y empezar a conocer a las personas de tu entorno. Fíjate especialmente en los cambios en tu conducta comunicativa cuando interactúas con diferentes personas, en diferentes contextos y expresando diferentes estados o circunstancias emocionales.

¿Qué te han parecido los ejercicios? ¿Crees que son útiles? ¿Cómo te has sentido y qué has pensado cuando te has visto y escuchado?

¡Feliz martes y buena semana!

Sara

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