Microscopio IV: el vocabulario

Pasemos a la parte del VOCABULARIO o elementos verbales que utilizamos. ¿Utilizas el mismo vocabulario cuando hablas con un niño que con un adulto? ¿Y cuando hablas con compañeros de trabajo y con tus amigos o amigas? ¿Usarías las mismas palabras para expresarte en una fiesta de gala de alto standing y tomando un café en un bar de barrio? Quizá no seas consciente de ello, pero el vocabulario que utilizamos es muy importante. El mismo vocabulario puede transmitir sensaciones muy diferentes en función del lugar o las personas con las que nos comunicamos. Por ejemplo, utilizar palabrotas entre los “colegas” viendo un partido de fútbol (o cualquier otro evento deportivo) puede ser un signo de estar integrado y sentirte cómodo o cómoda, sin embargo decir palabrotas en la puerta de un colegio resulta inapropiado y molesto.

El tema del vocabulario también está siendo muy controvertido hoy día por el uso de abreviaturas y emoticonos en las redes sociales. Hace poco recibí un mensaje de mi sobrina de quince años al que sólo supe contestar “compro vocal, a ver si resuelvo”. Aunque pueda parecer muy práctico y muy “guay” enviar mensajes llenos de palabras abreviadas en tres consonantes, permíteme decirte que por no dedicar apenas unos segundos a escribir las palabras completas, pierdes capacidad de expresión y, sobretodo, de comprensión por parte del receptor o receptora del mensaje. Por no hablar de que, con el tiempo, se acaba perdiendo el buen uso de la ortografía y la gramática, y conozco personalmente personas que ya no saben ni acentuar correctamente, cuando un acento, o un signo de puntuación (como una coma o un punto), pueden cambiar el significado por completo de una palabra o de una frase.

Debates sobre el habitual uso de palabrotas o del uso abusivo los mensajes en las redes sociales aparte, debemos tener presente que cada persona con la que hablamos, en cada contexto, merece un trato y un vocabulario adecuado y adaptado. Si pretendes que tu hijo o hija de 5 años comprenda qué es la genética, puedes hablarle, por ejemplo, de los parecidos entre las personas emparentadas en el color de los ojos o del pelo. Si eres profesor universitario y se lo debes explicar a tus alumnos, desde luego la palabra más sencilla que emplearás será ácido desoxirribonucleico. Imagina que das la explicación del profesor universitario al niño, o la del niño a los alumnos universitarios. Es una exageración absurda, pero en muchas ocasiones no hacemos esta distinción tan crucial.

Si utilizamos el mismo vocabulario indiscriminadamente con todo el mundo en cualquier situación, lo único que conseguiremos es aumentar las probabilidades de falta de entendimiento o, incluso, de conflictos. Tu parte de responsabilidad como emisor supone elegir las palabras adecuadas para que tu receptor comprenda tu mensaje. Y esto incluye los mensajes escritos. Desde luego un tema vital nunca debería “hablarse” por mensajes, sobretodo por la cantidad de malentendidos que genera (estoy segura de que ya te ha pasado alguna vez). Si entenderse en persona ya es complicado, por mensajes , en los que encima tendemos a abreviar palabras de cualquier manera y a poner un montón de emoticonos, es prácticamente imposible.

¿Crees que utilizas el vocabulario más adecuado en cada situación? ¿Consideras que podría mejorar tu eficacia comunicativa el buen uso del vocabulario?

¡Feliz martes!

Sara

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