1 Segundo

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Adoro los números,

me encanta como encajan.

13.347 días de vida.

Piezas de puzle

cada una en su lugar.

328 días a tu lado.

Adoro los números,

me encanta su caos.

492 minutos para verte.

Sus fórmulas imposibles,

sus operaciones fallidas.

12 besos en tus labios.

Adoro los números,

me encanta su lógica.

126 caricias en tu cuerpo.

Sus ecuaciones complicadas,

sus resultados impredecibles.

Tú entre 7.387.850.406 personas.

Adoro los números,

me encanta su omnipresencia.

122 latidos por minuto cuando te acercas.

Sus fractales,

sus irracionales.

1 segundo, la vida sigue, la vida cambia…

Fotografía de Tomeu Mir y poema de Sara de Miguel

Lo esencial es invisible a los ojos

principito

«– Ve y mira nuevamente a las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás para decirme adiós y te regalaré un secreto.

El Principito se fue a ver nuevamente las rosas:

– No sois en absoluto parecidas a mi rosa: no sois nada aún –les dijo–. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Sois como era mi zorro. No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.

Y las rosas se sintieron bien molestas.

– Sois bellas, pero estáis vacías –les dijo–. No se puede morir por vosotras. Sin duda que un transeúnte común creerá que mi rosa se os parece. Pero ella sola es más importante que todas vosotras, puesto que es ella la rosa a quien he regado. Puesto que es ella la rosa a quien puse bajo un globo. Puesto que es ella la rosa que abrigue con el biombo. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté. Puesto que es ella la rosa a quien escuché quejarse, o alabarse, o aún, algunas veces callarse. Puesto que ella es mi rosa.

Y volvió hacia el zorro:

– Adiós –dijo.– Adiós –dijo el zorro– He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.

–Lo esencial es invisible a los ojos – repitió el Principito, a fin de acordarse.

– El tiempo que perdiste con tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.

– El tiempo que perdí por mi rosa… –dijo el Principito, a fin de acordarse.

– Los hombres han olvidado esta verdad –dijo el zorro–. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa.

– Soy responsable de mi rosa… –repitió el Principito, a fin de acordarse».

 

 

Desde la infancia recuerdo cada día unas palabras tan profundas y hermosas, LO ESENCIAL ES INVISIBLE A LOS OJOS. Gracias a Antoine de Saint-Exúpery por tu libro «El Principito», lleno de reflexiones imprescindibles en nuestras vidas.
¡Buen jueves!
Sara

13 ALMAS

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      Hay muchos libros que leer, sin embargo poco te van a emocionar y calar tan profundo. Creemos que sabemos todo de la vida, pero no sabemos nada. Y de la muerte mucho menos. Este acercamiento al proceso de enfermedad y de morir, de historias reales de personas como tú o como yo, te ayudará a encontrar el verdadero sentido de la vida. Aprender de quienes ya no tienen nada que perder y mucho que enseñar, es una experiencia indescriptible.

   Déjate adentrar en los sentimientos, creencias y experiencias más importantes que puedas conocer. Aprende a afrontar cada momento de tu vida sabiendo todo lo que tienes que saber.

   Resulta curioso que cada vez que alguien me pregunta a qué me dedico, y contesto que soy psicóloga de cuidados paliativos, automáticamente se cambia de tema. Casi nadie me pregunta por mi trabajo, casi nadie quiere oír hablar de enfermedad, ni mucho menos de muerte, cuando lo único seguro en nuestra vida es que moriremos. Mi nombre es Sara, y mi mayor aprendizaje estos años ha sido que si escucháramos más a las personas que se acercan a la muerte, les ayudaríamos a morir mejor. Y sobretodo, que si escucháramos más a las personas que se acercan a la muerte, aprenderíamos a vivir mejor.

   No te pierdas «13 Almas», el libro que cambiará tu vida y el de las personas que amas. Encuéntralo a un precio alucinante en formato ebook y tradicional en Amazon.es y en Amazon.com.

   ¡Feliz semana!

   Sara

Lo que hacemos cada día IV: experiencia

   Lo habitual es que cada uno de nosotros aprendamos a comunicarnos de una manera informal, esto es, en base a nuestras EXPERIENCIAS. En función de como se comunicaban nuestros padres y otros familiares (o personas con las que nos criamos), nuestros maestros, compañeros de estudios, de trabajo, amistades, etc. vamos aprendiendo conductas concretas de comunicación, y las vamos incorporando a nuestro repertorio básico de conductas. Por poner un ejemplo, una persona que se ha criado en un hogar en el que se grita mucho, suele utilizar los gritos como medio de comunicación habitual. Ello no significa que sea el mejor medio para comunicarse, pero es el que más conoce y que, probablemente, en su entorno, tiene más probabilidades de éxito, y por ello lo reproduce.

   Por suerte, las habilidades de comunicación no son innatas: cuando nacemos la matrona no nos coge y dice “este bebé será un gran comunicador” o “este bebé será un desastre comunicándose”, no es una capacidad que sólo poseen unas determinadas personas. La comunicación es un conjunto de conductas específicas que se aprenden, y por lo tanto, se pueden aprender, desaprender, modificar y mejorar.

   En este punto, siempre que he dado un curso, seminario o sesión profesional, ha habido alguien que ha discrepado con la típica frase (o similar) “Es que yo soy muy tímido, y no voy a cambiar”. Sé que es una gran excusa, pero lo siento por los que os aferráis al hábito de ser tímidos (quien dice tímido, dice torpe, o cualquier otro rasgo de personalidad), porque no os sirve. Somos lo que hacemos. Y lo que hacemos repetidamente son hábitos de conducta. Si yo realizo repetidamente y de manera no consciente ni consecuente una conducta comunicativa (por ejemplo, gritar), considero que esa conducta me define (soy una gritona), sin ni siquiera darme cuenta. Sin embargo, si yo voluntariamente decido realizar otras conductas alternativas de manera constante y consciente (hablar en un volumen normalizado), acabarán por consolidarse en mi colección de hábitos y seré de esa “otra” manera. Eso no significa que sea un proceso fácil, ni mucho menos, pero es un proceso posible y real. Si te esfuerzas en repetir un comportamiento las veces suficientes, finalmente será un HÁBITO y formará parte de quien eres y de lo que haces. Y que conste que esto sirve tanto en comunicación, como en cualquier otro aspecto de nuestras vidas.

Lo que hacemos cada día III: ¿aprender?

La comunicación es el rasgo que nos define frente a nosotros mismos y a las otras personas. Parte de nuestra autoestima se crea bebiendo de la fuente de las valoraciones que nosotros nos “comunicamos” a nosotros mismos, y de las que nos comunican los demás. Utilizamos palabras como “simpático” para definir a aquella persona que habitualmente se comunica de forma alegre o divertida, “borde” a aquella que lo hace de manera esquiva o desagradable, “cariñosa” a quien demuestra en su comunicación cercanía y amabilidad.

La amistad se basa en la comunicación. La relación con tus familiares se basa en la comunicación. Tu trabajo y tu relación con tus compañeros se basa en la comunicación. Tu relación de pareja se basa en la comunicación. Si tienes hijos, vuestra relación, y sus futuras relaciones, se basan en la comunicación. El amor, la ciencia, la vida y todo lo que puedas imaginar, se basa en la comunicación.

Por todo ello, el rasgo humano más característico que tenemos es la comunicación. Y, la pregunta del millón es ¿quién nos enseña a comunicarnos? ¿Te enseñaron en el colegio? ¿Te lo explicó algún familiar? ¿Te hicieron un curso específico en el trabajo? Estoy prácticamente segura de que nunca nadie se ha sentado a explicarte qué es la comunicación, cuales son sus rasgos, cómo funciona ni como mejorarla. Y todo eso teniendo en cuenta que es el comportamiento que más vas a realizar a lo largo de tu vida y del que va a depender, desde tu propia autoimagen, hasta la relación con todas y cada una de las personas con las que te encuentres a lo largo de tu vida.

¿Cómo crees que aprendes a comunicarte? ¿Cuales son los pilares del aprendizaje en comunicación?

¡Feliz semana!

Sara

¿Por qué vuelves?

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¿Por qué vuelves?

A llamarme,

a escribirme,

a buscarme.

Si ya no soy la misma,

ni tú te pareces en nada

a quien fuiste.

Esperas reencontrar

la amiga fiel,

la amante complaciente,

la psicóloga gratuita

que llenaban los huecos

de tu alma vacía.

Pero yo ya no estoy

en el agujero de tu ombligo.

No me busques,

no vuelvas,

porque no tiene sentido.

Olvida quienes fuimos

y olvida aquello que vivimos,

porque sólo existe

en los rumores

de tus noches vacías

y en la añoranza

de tu soledad,

y de tu memoria,

que no es la mía.

No toques a mi puerta,

hace demasiado tiempo ya

está cerrada a tus mentiras.

(Fotografía de Tomeu Mir y poema de Sara de Miguel)

Poema 20

neruda

 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 

Escribir, por ejemplo: » La noche está estrellada, 
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos». 

El viento de la noche gira en el cielo y canta. 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Yo la quise, y a veces ella también me quiso. 

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. 
La besé tantas veces bajo el cielo infinito. 

Ella me quiso, a veces yo también la quería. 
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. 

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella. 
Y el verso cae al alma como pasto el rocío. 

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. 
La noche está estrellada y ella no está conmigo. 

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. 
Mi alma no se contenta con haberla perdido. 

Como para acercarla mi mirada la busca. 
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. 

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. 
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. 

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. 
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. 

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos. 
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. 

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. 
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. 

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos, 
mi alma no se contenta con haberla perdido. 

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa, 
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo. 

Un clásico de Pablo Neruda, su Poema 20 en «Veinte poemas de amor y una canción desesperada». Poesía que llega al alma de tan bonitas palabras, si alguna vez tuvo que haber una despedida hermosa, fue de la pluma de tamaño artista.

¡Qué tengas un buen martes!

Lo que hacemos cada día II: naturalidad

   La comunicación es el comportamiento humano más importante porque lo realizamos constantemente, por ejemplo, al levantarnos nos comunicamos con las personas que convivimos, en el trabajo con nuestros compañeros, habitualmente hablamos con la familia y los amigos, saludamos a los conocidos, y conversamos hasta con desconocidos, como por ejemplo el cajero o la cajera del supermercado.

   Vemos la televisión, o escuchamos música, que nos ofrecen información. Hablamos por teléfono, ponemos y recibimos mensajes, escribimos emails, o chateamos, vivimos inmersos en las redes sociales, y durante todo el día “hablamos” con nosotros mismos mentalmente (sobretodo cuando tratamos de recordar algo u organizar actividades, por ejemplo, ¿quién no ha hecho la lista de la compra mentalmente alguna vez?). Por si fuera poco, nuestro propio cerebro se comunica con nosotros cuando dormimos, mediante los sueños y las ensoñaciones, que no son más que elaboraciones inconexas de imágenes y sonidos que se activan sin nuestro control voluntario.

   Hablar sobre lo que nos acontece, o nuestras preocupaciones, es tan natural para las personas como el respirar. El hecho de hablar sobre nosotros o lo que nos sucede de alguna manera muestra quienes somos y como somos. Al mismo tiempo, también nos permite conocer conocer y poder comprender a los demás y elaborar explicaciones de nuestros comportamientos y los de los otros.

¿Es la comunicación nuestra conducta más natural? ¿Eres como te comunicas? ¿Te ayuda como se comunican los demás a comprenderles?

¡Feliz lunes y ánimo con la semana!

Sara

Mi hogar

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Mi hogar

es el lugar de tus entrañas

donde habitan nuestros sueños,

donde se tejen nuestros futuros.

Mi hogar

no es más

que tu sonrisa en mis labios,

y nuestra vida juntos.

(Fotografía de Tomeu Mir y poema de Sara de Miguel)

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