Bisturí II: ejercicios

   Este es el momento de preguntarte ¿cómo puedo ser un buen comunicador? Si yo he sido buena emisora, comprenderás que la respuesta a esta pregunta es bastante complicada. Por ello, vamos a continuar con la disección que estamos haciendo a la comunicación.

   Empecemos con los mensajes. En una conversación cotidiana, cada mensaje que emitimos o recibimos consta de tres partes igualmente importantes:

    • Qué se dice. Es el lenguaje verbal, las palabras que utilizamos para expresar la información.

    • Cómo se dice. Son los aspectos que los expertos llaman paraverbales, y que acompañan a lo que se dice. Son ejemplo de ello el volumen o la entonación cuando hablamos, o los signos de puntuación (exclamación, interrogación) cuando escribimos.

    • Qué se hace con el cuerpo. Es el lenguaje corporal y gestual. El cómo se dice y qué se hace con el cuerpo. Hoy en día también se refleja en los emoticonos que utilizamos en las redes sociales.

   En este punto te propongo un ejercicio muy interesante que te puede ayudar mucho a entender estos conceptos y a comprobar cómo nos afectan en nuestra vida cotidiana. Para que comprendas la importancia del ejercicio, me gustaría que te plantearas estas preguntas: ¿te has parado a pensar alguna vez que durante todo proceso comunicativo presencial con otras personas tú ves a los demás, pero no te ves a ti mismo? ¿Sabes cómo eres comunicando? ¿Sabes cómo transmites tus mensajes como emisor? Probablemente la respuesta a todas ellas sea que no.

   El ejercicio consta de tres partes. En la primera te tienes que poner frente a un espejo mientras ejercitas diferentes expresiones faciales y gestuales. Por ejemplo, ponte frente al espejo y cuéntale a tu imagen algo muy triste que te haya sucedido. Después, en otro momento, u otro día, cuéntale a tu imagen algo muy alegre. Así con diferentes recuerdos que se refieran a diferentes expresiones emocionales (miedo, sorpresa, asco, enfado, etc.). Procura dedicar tiempo al ejercicio, ya que, aunque parezca absurdo, nos cuesta mucho mantenernos mirándonos en el espejo a nosotros mismos durante un tiempo prolongado. La primera vez que lo hagas y realmente te observes y te “hables”, puede que sientas incluso vergüenza, porque no estamos acostumbrados a la sensación de autoobservarnos. Es importante que en el ejercicio utilices recuerdos muy intensos, porque de esta manera se activan las reacciones habituales de tus comportamientos comunicativos. Este ejercicio te ayudará a ver lo que los demás ven cuando te comunicas con ellos: qué caras pones y cómo gesticulas o te mueves.

   La segunda parte del ejercicio es similar a la primera, pero en este caso deberás grabar tu voz (lo puedes hacer a la vez que el primero) en cualquier dispositivo (por ejemplo, un teléfono móvil te puede servir, que actualmente todos llevan incorporada una aplicación de grabación de voz). Consiste en lo mismo que el ejercicio anterior, relatar recuerdos emocionales intensos diferentes, y, en este caso, después escucharte. Seguramente cuando te oigas a ti mismo, o misma, en la grabación, te cueste reconocer tu voz. Esto se debe a que cuando hablamos lo que oímos nosotros mismos y lo que oyen los demás es diferente debido a que una persona no solo oye su propia voz, sino que también oye la resonancia que provoca en su propia caja torácica, lo que la distorsiona y proporciona una versión de la propia voz alterada. Para una buena realización del ejercicio es importante que en el relato de los recuerdos emocionales dejes fluir la entonación y el volumen para que puedas detectar los cambios que realizas según el contenido de tu mensaje y, sobretodo, lo que los demás escuchan cuando tú hablas.

   Estos dos ejercicios, observarte y escucharte, deben hacerse con frecuencia. No sirve hacerlo una vez en la vida, ya que a medida que te suceden cosas y acumulas experiencias, cambias tú y tu manera de expresarte. Por lo tanto, lo que has observado y escuchado en una ocasión, con el tiempo puede haber cambiado, y si no te observas y escuchas de manera habitual, dejas de “conocerte” como comunicador o comunicadora (y como persona en general).

   La tercera parte del ejercicio es que, ahora que ya has “entrenado” a tus ojos y oídos a observarte y escucharte a ti mismo en una serie de situaciones simuladas , te observes y escuches en la vida cotidiana con detalle. Aprovecha las situaciones sociales de cada día para conocerte a ti mismo como comunicador, y empezar a conocer a las personas de tu entorno. Fíjate especialmente en los cambios en tu conducta comunicativa cuando interactúas con diferentes personas, en diferentes contextos y expresando diferentes estados o circunstancias emocionales.

¿Qué te han parecido los ejercicios? ¿Crees que son útiles? ¿Cómo te has sentido y qué has pensado cuando te has visto y escuchado?

¡Feliz martes y buena semana!

Sara

Amor urbano

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Ha salido nuestro amor por la ventana

y se ha dibujado en medio de la calle.

Los labios que se acercan

buscando un beso.

Los ojos que se cierran

para no vernos reflejados

en la mirada enamorada del otro.

Emociones encontradas

en un sentimiento que no acaba,

que se extiende por el aire

y se pinta, colorido, en la pared urbana.

Fotografía y poema de Sara de Miguel.

Bisturí I: responsabilidad

Vamos a diseccionar la comunicación. Bisturí, por favor.

Esta primera parte es, quizá, un poco aburrida y está descrita en muchos libros, pero intentaré resumirla y clarificarla lo más importante, para que podamos avanzar poco a poco hacia las claves del asunto.

Empecemos por definirla: la comunicación es la acción y el efecto de comunicarse. Normalmente se da mediante el trato entre dos o más personas, bidireccionalmente o en dos direcciones, aunque también puede ser en una sola dirección (por ejemplo, como cuando hablamos con nosotros mismos, o hacemos uso de medios como la televisión o internet).

En todo proceso comunicativo se transmiten señales mediante un código común al emisor y al receptor. Las señales pueden ser auditivas (palabras o sonidos), visuales (gestos o imágenes) o incluso táctiles (braille, contacto físico entre dos personas).

El código habitual de comunicación es la lengua común al emisor y al receptor (obviamente si no utilizamos el mismo código de la lengua la comunicación se dificulta bastante, como podrás haber podido comprobar si alguna vez un turista se ha dirigido a ti para pedirte algo, seguramente una dirección, en un idioma que desconoces).

Para que nos entedamos, ahora mismo yo soy la emisora del mensaje. Tú, lector o lectora, eres el receptor o receptora. Las señales son visuales (palabras escritas), y el código es la lengua castellana, y este proceso comunicativo es unidireccional: yo te transmito información pero tú no me la puedes transmitir a mí.

Ahora viene la parte importante, que normalmente no viene en los manuales ni nos lo enseñan: hablemos de RESPONSABILIDAD. En este proceso comunicativo yo soy la responsable de hacerte llegar la información de la manera más clara y eficaz posible. Y tú eres el o la responsable de leerlo adecuadamente. Si te saltas párrafos, o lees distraído o distraída, el mensaje, por mucho que yo me esfuerce, no te va a llegar ni te va a servir de nada.

Esto es así en todas nuestras comunicaciones. Cada vez que por ejemplo hablamos, o nos escribimos, con una o más personas (ya sean familiares, amigos, compañeros o desconocidos), somos responsables tanto en nuestra función de emisores (quien da el mensaje), como de receptores (quien lo recibe). Normalmente las comunicaciones cotidianas son fluidas y continuas, y desarrollamos el papel de emisor y receptor simultáneamente. La comunicación sólo puede ser eficaz si nos esforzamos en comunicar claramente, y en intentar comprender lo mejor posible los mensajes que nos llegan.

¿Eres responsable en tus comunicaciones? ¿Cómo crees que podrías mejorar tus actos comunicativos?

¡Feliz lunes y que hagas una gran semana!

Sara

Ecos de tu ausencia

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Camino sola,

o nado,

o vuelo,

o me enmaraño.

No lo sé.

Soy un ente sin cuerpo,

soy un cuerpo sin alma

cuando me faltas,

y los ecos de tu ausencia

ensordecen el silencio.

Te vas de mi lado,

a otros mundos más ufanos,

siento felicidad por tu alegría

y un dolor profundo en las entrañas

que atenaza mi garganta

porque un sólo día sin ti

es el origen de mis miedos más intensos,

de mis peores pesadillas.

Sentir que no estás,

no poder coger tus manos en las mías,

no fundirnos en un efímero abrazo

y no besar tus dulces labios,

es el peor castigo

para este corazón

que te ama sin límites,

que ansía tu regreso,

acompañada tan solo

por los ecos de tu ausencia.

Fotografía de Tomeu Mir y poema de Sara de Miguel.

¡Feliz fin de semana!

Arena y sal

Háblame,
no quiero quedarme dormido.
Los sueños están bien,
pero es mejor estar contigo.

Mirar al mar,
Tomar el sol,
Arena y sal,
Ginebra y ron.

Túmbate, que si los dos estamos tendidos
sé que así ya no te vas,
me quedo mucho más tranquilo.

Y al respirar
la brisa y tú
me dais la paz
y el cielo azul, parece estar un poco más limpio.

Ríos que van a parar siempre al mar no volverán.
Somos igual, por favor, no me sueltes jamás.
No me quiero volver a perder.
Sólo quiero estar donde tú estés

Grítame, que no te oigo con tanto ruido.
Necesito verte más,
dame la mano que yo te sigo.

Quiero correr
cerca de ti
Si no está bien
podemos ir a conocer algún otro sitio.

Ríos que van a parar siempre al mar no volverán.
Somos igual, por favor, no me sueltes jamás.
No me quiero volver a perder.
Sólo quiero estar donde tú estés.

Ríos que van a parar siempre al mar no volverán.
Somos igual, por favor, no me sueltes jamás.
No me quiero volver a perder.
Sólo quiero estar donde tú estés.
Donde tú estés…

Música y letra de Supersubmarina.

¡Feliz jueves!

Llamamiento al corazón

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   Me siento una hermosa mariposa.

  Mi pasado no son mis errores, son mis experiencias, mis aprendizajes. Agradezco todos y cada uno de ellos.

   Mi presente es un bonito jardín, lleno de flores que visito y mimo cada día, para que luzcan brillantes bajo el sol.

   Mi futuro es incierto, pero no me preocupa, pues aún no ha llegado. Me dejo llevar por la suave brisa de la naturaleza, y me poso a admirar el paisaje de mi camino, a cada aleteo.

   Sé que mi vida será breve, pero no por ello menos maravillosa. Me hago a mí misma un llamamiento al corazón, y a la cordura. Me cuido, y cuido de quienes me rodean. Y en un acto de fe inquebrantable, creo en las personas y en su bondad.

   Mientras maduraba, dentro de mi crisálida, reflexionaba que soy un ser único y que todo lo que puedo aportar a los demás también lo es. Elijo darles mi comprensión, mi cariño, mi respeto y la calidez de mi seno.

   Ahora vuelo, junto a mi familia y amigos, y me siento completa y dichosa. Elijo. Todas mis elecciones tienen un poco de locura y un poco de sensatez, para que el equilibrio entre responsabilidad y diversión haga de mi existencia un hogar en el que sentirme segura y feliz.

   ¿Quieres acompañarme en este intenso y mágico viaje en la vida?

   Entra en tu crisálida y reflexiona sobre tus aprendizajes. Sal al mundo y vuela alto, disfrutando cada segundo. Sueña, y lucha por tus sueños. Al fin y al cabo, esta es tu vida y sólo tienes una: elije cómo deseas que sea.

   Soy una alma libre. Yo elijo ser una hermosa mariposa.

   Fotografía y texto de Sara de Miguel.

   ¡Feliz miércoles!

Isla ignorada

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«A esta isla que soy, si alguien llega

que se encuentre con algo es mi deseo:

– manantiales de versos encendidos

y cascadas de paz es lo que tengo -.»

Preciosas palabras de la gran poetisa,

maestra y escritora de literatura infantil Gloria Fuertes.

Referencia de mi primeros años como lectora,

referencia en mis primeros juegos,

canciones y palabras.

Fotografía de Tomeu Mir.

¡Feliz martes!

Lo que hacemos cada día VI: aprendizajes

      Para aprender a comunicarnos de una manera eficaz, en las próximas páginas explicaré algunos conceptos básicos, pondré ejemplos cotidianos (con los que seguramente te sentirás identificado o identificada), y propondré ejercicios para que puedas practicar pautas saludables de comunicación.

   Para poder aprender cosas, te ofrezco información sobre el aprendizaje en sí mismo. Aprendemos básicamente mediante tres procesos:

    1. La repetición y la asociación. Cuando repetimos insistentemente una acción acaba formando parte de nuestro repertorio básico de conductas. También sucede con los conocimientos, por ejemplo, cuando somos pequeños y nos hacen repetir “ma”, hasta que decimos “mamá”, y lo asociamos a una persona concreta. Entonces hemos aprendido que dos monosílabos unidos sirven para llamar a nuestra madre. Esto es así en la mayoría de aprendizajes durante los estudios: aprendemos a base de “empollar” o repetir contenidos hasta que nos los sabemos.

    1. Por curiosidad o descubrimiento (lo que lo los psicólogos llamamos insight). A veces aprendemos por pura casualidad, como por ejemplo cuando somos pequeños y te das un golpe y te duele. Nadie ha previsto que te des un golpe, ni era tu intención aprender a asociar golpe y dolor, pero gracias a un suceso casual (que te des el golpe) aprendes algo muy importante a lo largo de la vida (que golpearse duele).

    1. La observación e imitación de los demás. Muchos comportamientos los aprendemos tras verlos en otras personas de nuestro entorno. Por ejemplo, si tu padre decía palabrotas, seguro que en algún momento las repetías. Al igual que si te decía “te quiero”, también lo hacías. Esto es igual de válido con personas incluso ajenas a nosotros, por ejemplo, si en la tele has visto un gesto en un actor o actriz que te ha parecido gracioso, sexy, o guay, y lo has imitado.

   Aunque podemos aprender de estas (y otras muchas) maneras, todos los aprendizajes tienes un componente común, y es el fortalecimiento o debilidad de conexiones neuronales. Cada cosa que aprendemos implica que varias de nuestras conexiones entre células cerebrales se “unen” y crean una HUELLA DE MEMORIA. Estas huellas se hacen más fuertes o más débiles en función de la intensidad de ese aprendizaje (por ejemplo, las veces que lo repetimos) y, sobretodo, del componente emocional que lo envuelve. Si sientes una emoción intensa, la huella de memoria es más potente y tiende a activarse con facilidad. Si, al contrario, lo que estás aprendiendo o lo que te está pasando no te emociona, la huella es más débil y probablemente se active con dificultad.

   Por ejemplo, aprender las tablas de multiplicar es un conocimiento que no genera gran emoción, por lo que cuesta generar una huella de memoria y tenemos que repetirlas una y otra vez para aprenderlas. Sin embargo, seguro que recuerdas con facilidad los rasgos de la persona amada, su olor e incluso la ropa que llevaba un día concreto (y sin haberte si quiera propuesto memorizar nada de todo eso) porque te generó una emoción intensa.

   Ahora que ya sabes como funciona el aprendizaje y lo importante que es la comunicación, te propongo empezar a que hagas cosas. Como en cualquier proceso de cambio, lo primero que debes hacer es observarte. La premisa base es que no se puede cambiar nada que no se conoce, por lo que debes fijarte en ti mismo, en qué términos te comunicas contigo mismo, y con los demás. Y también fijarte en cómo los demás se comunican contigo, y entre ellos. Hazlo cada día, porque de esa manera OBSERVAR se convertirá en un hábito. Irás creando huellas de memoria y poco a poco adquirirás dotes observadoras que son imprescindibles para ser un buen comunicador. No olvides que SOMOS LO QUE HACEMOS.

¡FELIZ LUNES!

SARA

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